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lunes, 9 de noviembre de 2015

Víctimas del acoso escolar: culpa, vergüenza y silencio

 

ACOSO ESCOLAR o bullyingBelén, Lola y Dani cuentan lo que les pasó. Analizan los fallos del sistema, proponen herramientas y animan a salir de una pesadilla que afecta a 1 de cada 4 menores escolarizados en España.

 

Julia Cruz @Jcruzrios

Cuando la madre fue al cuarto a despertarle por la mañana para ir al colegio, no encontró a su hijo en la habitación. Una nota en el escritorio y la ventana abierta. Había saltado al vacío.

Un niño de 11 años se suicidó el miércoles 14 de octubre en el municipio madrileño de Leganés. En la nota pedía perdón a sus padres y decía que no quería ir al colegio. La investigación continúa abierta, por lo que aún se desconoce si se trata de la última víctima mortal por acoso escolar en España.

En mayo de este año, también en Madrid, Arancha, de 16 años y discapacitada, se arrojó por el hueco de las escaleras de su casa. Antes envió un whatsapp a sus amigas en el que decía que no tenía ganas de vivir. En 2013, Carla, 14 años, saltaba desde un acantilado al cantábrico en Gijón.

Su historia la van a contar ellos. Víctimas del acoso escolar. Personas que hoy tratan de darle la vuelta a su mala experiencia, sentando las ideas fundamentales y creando herramientas eficaces para ayudar a los niños y adolescentes que sufren bullying. Personas que nunca olvidarán el día que, al ser señalados por el dedo de un compañero, les cambió para siempre. Su historia, la de las niñas y niños acosados en el colegio, la van a contar ellos.

domingo, 6 de septiembre de 2015

El drama del bullying

 

drama bullyingLos integrantes de la academia Stars Artística Integrada estrenan este martes un musical que aborda la problemática de las relaciones violentas entre los jóvenes en sus escuelas. Otro modo de plantear una dura realidad contada desde el arte.

Paulina Rotman. Foto: Federico Levato

Al gordo por su físico. A la estudiosa por "sabelotodo''. A la más linda del curso por la belleza de su cara. Al bueno por la inocencia que lo caracteriza. Al que acaba de incorporarse al grupo, por "nuevo''. Y a todos, o a algunos, hasta sin razón alguna. Lo cierto es que todos ellos alguna vez recibieron burlas, insultos, golpizas, amenazas, ofensas, indiferencia por parte de los adultos que deberían hacer algo, malos tratos de sus pares En las aulas, el patio de la escuela, la esquina del edificio escolar, las clases extra áulicas.
Lejos de contentarse con estas situaciones, un grupo de artistas en miniatura -porque todavía son alumnos de un instituto donde se aprende danza, canto, teatro, técnicas de voz, entre otros conocimientos- debatieron sobre el tema, se autoevaluaron, repensaron situaciones y finalmente lograron un guión para plantear este drama que tanto los afecta por medio de canciones y bailes creados especialmente.
Así es como esas escenas de la vida juvenil (desgraciadamente, cada vez más) cotidianas son las que el elenco de la Academia Stars Artística Integrada -que dirige Liliana Gutiérrez- llevará al Teatro Municipal de Rawson "Oscar Kümmel'' el próximo martes 16 de diciembre. Pero no es sólo esa la idea. La intención o el sueño es que con esta obra dramática inédita con que cierran el año empiecen a recorrer las escuelas de San Juan para promover la reflexión acerca de la violencia escolar y la indiferencia social ante estos casos, según promueven su trabajo con vistas al 2015. Claro que para eso, falta un paso fundamental: obtener el visto bueno del Ministerio de Educación.
Mientras tanto, ensayan y ponen a punto todos los detalles para la presentación de la próxima semana dónde habrá una treintena de talentos en escena.
"Fue muy fuerte para nosotros encarar una obra de teatro con una temática tan problemática pero tan actual. La intención es que entre todos, público y actores, podamos tomar conciencia real de este dilema y trabajar seriamente con los gabinetes de psicopedagogos de las escuelas para detener este fenómeno de violencia en las escuelas tanto públicas como privadas. No es algo nuevo, antes también existían las burlas, pero ahora han tomado un nivel de agresividad mayor, lo que inclusive llega a poner en riesgo la integridad de la persona y muchas veces la propia vida. Por eso, añoro que las autoridades del Ministerio de Educación de la provincia avalen esta obra para que sea obligatorio la asistencia a verla y que dicho espectáculo actúe como estímulo para cambiar conductas, que movilice a las instituciones educativas para trabajar en talleres orientados a "detectar y tratar" el problema en particular, que puedan estar viviendo'', resume Liliana Gutiérrez, la directora de esta academia artística integrada que es impulsora de la comedia musical en la provincia desde el 2006.

En primera persona
Nicolás es uno de los protagonistas de esta obra. El saldrá con un vestuario que lo engorda varios kilos para convertirse en Valentín. Desmedido pero sumiso, tiene que enfrentarse no sólo a la discriminación sino a la agresión.
"La obra me permitió cuestionarme a mí mismo por las actitudes que he tenido siempre ante las personas que son diferentes y que durante muchos años he tomado "de punto'' o me he reído y burlado. Yo me reconozco como alguien que muchas veces hizo bullying y pensándolo bien llegué a la conclusión que no es bueno para nadie. Ni siquiera para mí'', dice el actor que esta vez le tocó estar del otro lado, del que sufre un daño que queda guardado para siempre como parte de esta etapa de crecimiento.
Exequiel y Pablo también vivieron este problema en su propia piel. Pablo, por ejemplo, fue tan vapuleado cuando se integró -por así decirlo- al nuevo establecimiento educativo al que se cambió que en lugar de enfrentar las burlas de sus compañeros le pidió a sus padres toda la comprensión para poder repetir y así separarse del grupo. "Así fue como solucioné esto que tan mal me ponía. No sé si hice bien o mal, pero ahora estoy mejor'', cuenta su propia experiencia y su amigo Exequiel fue quien se inspiró en la agresión verbal que tenía como muletilla para nombrar a su compañero de curso para hacer su personaje. "A un chico que es morocho le decíamos El Negro, pero a él no le gustaba para nada. Un día me pidió que le dijera Rodrigo'', recuerda.
A partir de estas y otras experiencias personales, de los chicos como alumnos y de los grandes como papás o docentes, es que se definió el guión. "Cada vez más no exponemos a estas cuestiones discriminatorias y agresivas. Algo hay que hacer'', coincide un grupo de chicas que participa en "¡Basta ya!''.
"Hicimos improvisaciones. También tomamos noticias reales que suceden en escuelas de la provincia o en otros puntos del país. Tratamos también de captar la realidad social de gran indiferencia, ante estas cuestiones. Es un llamado de atención'', agrega la directora convencida que con "verdadera conciencia social y directivas claras desde el sistema educativo" el bullying desaparecería.

Fuente:

http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_index.php

miércoles, 19 de agosto de 2015

Bullying, racismo y homofobia: “De tal palo tales astillas”

 

Vagabundo

bullying cosa de niñosEn el siguiente vídeo se puede ver la llamada de atención de un padre que denunció los mensajes de acoso escolar hacia su hija y la actitud arrogante, homófoba y racista del padre de los hostigadores – De tal palo tal astilla; mejor dicho astillas: los gemelos “bullies” desde luego han aprendido pronto de la filosofía del padre. Individuo que no dudó en llamar “maricón” al padre de la víctima.

Bradley Knudson cuenta en pocos minutos lo que le estaba sucediendo a su hija. Chica afroamericana adoptada y por lo cual era motivo de insultos, humillaciones y discriminación. El suicidio del hijo de unos amigos poco tiempo antes por motivos relacionados con el bullying, hicieron que este padre, concienciado y muy sensibilizado, en modo alguno dejara el asunto aparcado, como en no pocas ocasiones lamentablemente sigue haciéndose, con la vulgar y temible frase: !Es cosa de niños”!

Tras innumerables intentos para ponerse en contacto con el padre de los hostigadores, finalmente; y tras una denuncia policial, pudo hablar con él. Para su sorpresa, éste no sólo quitó importancia al asunto sino que no dudó en desacreditar y llamarlo “máricón” por defender a los “negros”. Por todo ello puso el siguiente vídeo en la red que se ha viralizado y que, con seguridad ha concienciado a muchas personas no conscientes del riesgo  que supone ser testigo de estos graves hechos para luego callar o mirar a otro lado. Desde luego la determinación y coraje de este padre es de alabar…

 

 

Las consecuencias de esta publicación en redes sociales ha hecho no sólo viral este vídeo y por tanto darse a conocer el caso en todo el planeta. Además ha dado lugar a que Darron Puro (padre de los gemelos bullies) pierda su trabajo en una empresa financiera llamada Roy E. Abbott Futures, cuyos directivos al conocer los hechos decidieron despedirlo.  Además, el colegio en el que estudia Dee Dee, chica hostigada,  está investigando los hechos y puede que expulse a los dos gemelos.  Indudablemente la presión social en este caso ha hecho justicia. Más de la que hoy día deberían impartir muchos Juzgados, que medrados no tienen reparos en inhibirse o archivar flagrantes casos de acoso escolar. Demasiados casos.

De cualquier manera, felicitaciones por la valentía y coraje de este padre Sonrisa

 

viernes, 1 de mayo de 2015

Testimonios de víctimas de bullying: "Me quiero morir, los compañeros me escupen, bebí líquido para tuberías"

 

bullying001Iratxe Comas

Montse solo tenía once años pero se quería morir. “Fue muy triste para mí, todos me excluían, nadie me hacía caso, me hacían sentir muy mal…"

Alejandro tiene 16 años y no sabía cómo enfrentarse a esos compañeros que le escupían, le pintaban la camiseta, y le ponían la zancadilla.

Adriana sufrió desde los 9 años agresiones verbales y posteriormente ataque psicológico a través de Facebook.

En ocasiones en bullying comienza con tan solo 8 años y se prolonga durante la adolescencia. Los jóvenes que lo sufren, les cuesta contarlo y esto les provoca cambios de actitud, ansiedad y hasta desórdenes alimenticios. En ocasiones, logran romper el miedo y se dedican a ayudar a otras víctimas. Otras veces, las secuelas del bullying les acompaña años después de abandonar el colegio.

La organización británica contra contra el acoso juvenil, 'Beat Bullying', alerta de que el problema es más serio de lo que parece ya que "en la UE el acoso y maltrato por bullying lo sufren alrededor de 24 millones de niños y jóvenes al año".

Montse: Con 11 años se quería morir

Montse solo tenía once años pero se quería morir. “Fue muy triste para mí, todos me excluían, nadie me hacía caso, me hacían sentir muy mal…" Que estaba gorda, que parecía una ballena..." y las burlas siempre venían de unos compañeros en particular. Su actitud cambió, se volvió rebelde y grosera pero lloraba debajo de las mesas. Pero Montse era una niña valiente y se lo contó a sus padres. Su madre María Elena afirma que en el Centro no hicieron nada porque veían normal que los niños se pelearan entre ellos y y decidieron cambiarla de centro. "Ahora tengo una amiga", reconoce la pequeña.

Alejandro: Sus compañeros le escupían y pensó que lo mejor sería ser un delincuente

Alejandro tiene 16 años y no sabía cómo enfrentarse a esos compañeros que le escupían, le pintaban la camiseta, lo empujaban y le ponían la zancadilla hasta que no pudo aguantar más y se lo contó a su madre. Este joven, aplicado y responsable llegó a decir que prefería ser un delincuente antes que hacer las cosas bien. Su madre le cambió de colegio y hoy con 20 años ha logrado superar el acoso aunque piensa que nada podrá recuperar el tiempo perdido con la violencia.

Adriana: Sufrió bullying durante cuatro años

Adriana sufrió desde los 9 años agresiones verbales y posteriormente ataque psicológico a través de Facebook. Era la nueva, su familia se había trasladado desde el extranjero y en su primer día de clase una compañera se lo avisó: "Te vas a quedar sola" y así fue.

Los días siguientes nadie jugaba con Adriana en el recreo, ni la hablaban, ni le prestaban las cosas. Los años pasaron y las agresiones comenzaron a llegara a través de las redes sociales. La joven recibía constantes mensajes de hostigamiento, los padres trataron de poner fin a ese acoso pero no sirvió de nada por lo que decidieron cambiarla de centro y poner fin así a cuatro años de bullying.

Óscar: Bebió líquido para desatascar tuberías para no ir a clase

Es probable que no pueda volver a comer de forma normal pero eso no le preocupa porque lo que realmente le causa pánico es su escuela.

En este caso, los problemas de este joven de 13 años comenzó con el acoso de una profesora. El muchacho, que padecía incontinencia urinaria, debido a un accidente con un testículo, no contaba con el permiso de su maestra para ir al baño y provocó que se hiciera pis en los pantalones. Las risas y burlas de los compañeros no se hicieron esperar y a partir de ahí comenzó su verdadero calvario.

A Óscar le daban crisis que le provocaban diarrea y vómitos y sus visitas al baño eran muy frecuentes... cuando la profesora le daba permiso. En una ocasión vomitó dentro del aula y la maestra le obligó a limpiarlo.

Estas horribles situaciones provocaron que una noche, Óscar llegó a un punto de no retorno e ingirió un líquido para desatascar tuberías. Le tuvieron que operar de urgencia pero las heridas más difíciles de curar serán las psicológicas.

Carla: La ansiedad le hacía comer y engordar empeoró el acoso

“Empecé a sufrir acoso a los 8 años. Yo cursaba tercero de primaria. Era una niña extremadamente tímida y cerrada por lo que supongo que ya tenía una predisposición a que me acosaran. Ir a la escuela para mí era horrible, aparte de que sacaba malas notas, me sentía extremadamente sola, apartada y marginada. Veía a todos los niños sonriendo, divertirse en el recreo, yo estaba la mayoría de veces sola. Empecé a experimentar ansiedad y empecé a comer. Llegaba del colegio y comía a todas horas, gracias a eso llenaba mi vacío, llenaba mi miedo, apartaba mi dolor, y por algunos momentos me sentía mejor. ¿Qué pasó? Engordaba y cuanto más subía de peso, más recibía insultos de "gorda", "fea", "rara" como también de "inútil", "no sirves", "eres tonta", "poco harás" etc.”
Así comienza Carla Herrero a contar su historia. Durante ocho años fue víctima del acoso de sus compañeros de colegio. Lo que comenzó con motes e insultos, fue derivando en una espiral que acabó con su autoestima. “Siempre me han etiquetado, siempre me han juzgado, no me sentía querida en la escuela y huía. Huía de mí, huía de los que querían ayudarme y huía de aquellos que trataban de entender el por qué de mi carácter tan callado, por así decirlo”
Se convirtió en una persona aún más introvertida, se aisló de todos y de sí misma. A los once años decidió integrarse en un grupo, pero tropezó con una líder que manejaba a los demás, y los insultos y vejaciones continuaron. "Me levantaba cada mañana, me miraba al espejo y literalmente no me soportaba. Me sentía mal con mi cuerpo, con mi cara, con mi cabello, con mi piel, con mi voz. Me sentía un obstáculo y un problema, sentía que nada tenía sentido, que nada me llenaba ni me hacía feliz. La chica que nunca tiene problemas, la chica que puede soportar que la insulten cada día, la chica que permitía que le quitaran la silla y se cayera de espaldas... Aquella chica que gritaba en silencio y nunca era escuchada"
Porque, como tantas víctimas, nunca se lo contó a nadie. Carla se callaba su sufrimiento, algo de lo que ahora se arrepiente. "Me arrepiento cada día por no haber dicho las cosas en su momento. El acoso me ha traído muchos problemas, algunos de ellos graves, que han puesto en riesgo mi salud. Mis padres han sufrido siempre por mí. Me apena mucho no haber sido capaz de decirlo en su momento, me apena haberlo callado. El acoso me había silenciado y cuando quería confesar algo, lo hacía a cuentagotas. Pero me rendí. Me dije a mí misma: `puedes con esto, es una situación absurda, ¿para qué preocuparlos?". Hoy, anima a todos los que sufren acoso a contárselo a sus padres.

El maltrato marcó su periodo escolar, en especial la educación primaria. Fue al cambiar de centro para iniciar el Bachillerato cuando se dio cuenta de sus heridas y empezó a hablar. "Yo creía que no podría hacer nada en la vida, que jamás podría acabar el bachillerato, ni siquiera empezarlo, creía que jamás llegaría a la universidad. Creía que era totalmente inútil, porque así me lo habían hecho creer. Al comenzar el bachillerato de ciencias, gracias al ánimo de mis padres, fui creciendo como persona y levanté cabeza". Sus profesores también la ayudaron. "Me superé a mi misma, me di cuenta de que podía ser una estudiante excelente, que podía llegar a la universidad, y por primera vez me sentí feliz por estudiar. Guardo un profundo amor a este instituto y a sus profesores, porque gracias a muchos de ellos sigo teniendo fe en la educación como también siento un gran respeto por la profesión de docente"

Fuente:

http://www.teinteresa.es/

sábado, 25 de abril de 2015

Sobre el ciberacoso a menores. Lo que no se nombra, no existe

 

Clara Ávila Cantos

Declaraciones Save the Children

*Nombre modificado para proteger la identidad del menor.

Con 12 años tuve Internet en casa. Fui una de las primeras del colegio (el mismo año me regalaron un router y un furby). Lo mío siempre fue la tecnología.

En su momento no había mucha actividad en internet, al menos para gente de mi edad. Generalmente mandaba correos - teníamos una cuenta de correo para toda la familia, como si habláramos del buzón del portal- y chateaba en el IRC. Ahí aprendí que Internet servía para ligar y que se podían regalar rosas hechas con caracteres a miles de kilómetros de distancia. También descubrí que había gente que te proponía cibersexo, y que eso daba miedo. No me considero una víctima de ciberacoso, pero algún que otro susto me he llevado, y cuando eres pequeño estas cosas son difíciles de tratar. No lo sabes identificar y mucho menos lo sabes comunicar. Por mucha confianza que tengas con tus padres, lo que no tiene nombre, no existe. Afortunadamente ahora tiene nombre, ahora hablamos de ciberacoso.

El uso del ordenador entre los menores (de 10 a 15 años) alcanza el 93,8% y el 92% utiliza Internet. Se conectan a diario y, desgraciadamente, pocas veces se les ha enseñado cómo usar estas nuevas tecnologías. No desde un punto de vista tecnológico (saben usar un smartphone mejor que yo), no desde un punto de vista de "los peligros de Internet", hablo de enseñarles qué pasa con sus datos, por dónde viaja esa información y cómo detectar que se les está acosando. Existe un término que lo define, la alfabetización digital, y una charla muy interesante de Juan García al respecto, uno de mis referentes en docencia a menores sobre el uso de medios digitales.

Este uso de las nuevas tecnologías, y por tanto de menores que son vulnerables, es más extendido de lo que pensamos. Tanto Internet como el ordenador son usados por niños menores de 10 años. El smartphone es sin duda el gran protagonista ya que, en hogares de renta baja (inferior a 900€) encontramos que 8 de cada 10 utilizan un ordenador, Internet, y la mitad tienen un móvil. Esta tendencia no va desaparecer, así que proteger a estos menores debería ser una prioridad, y no una medida de las que cae en el cajón de los temas que no interesan, como muchos otros de los referidos a la infancia.

El ciberacoso se puede definir como una forma de invasión en el mundo de la víctima de forma repetida, disruptiva y sin consentimiento usando las posibilidades que ofrece Internet. En definitiva, una nueva forma de violencia que sufren los niños, donde, por cierto, resurge la violencia de género, algo que preocupa más, si cabe.

Las chicas adolescentes son especialmente vulnerables. De las jóvenes que han sido víctimas de acoso a través de las nuevas tecnologías, el 62% asegura haber recibido mensajes con insultos, el 36% ha recibido algún mensaje que les ha hecho “sentir miedo”, el 15% han recibido algún mensaje para presionarlas a participar en actividades de tipo sexual y hasta un 17,6% de las jóvenes asegura que han visto difundidas imágenes suyas comprometidas o de carácter sexual sin su consentimiento.

Los niños no perciben el riesgo

Las nuevas tecnologías les han ayudado a compensar dificultades en sus relaciones. En el caso de los chicos, hablan de una mejora de las relaciones con la gente a través de Internet. En el caso de las chicas, de un uso de Internet cuando se sienten solas.

A pesar de que la mayoría de los padres y madres hablan habitualmente con sus hijos sobre los riesgos de Internet el 28% de los adolescentes no considera una conducta de riesgo el responder a un mensaje en el que les insulten, 1 de cada 4 colgaría una foto suya que sus padres no autorizarían y el 50% de los chicos y el 26% de las chicas no consideran peligroso quedar con un chico o una chica que hayan conocido por Internet.

 

¿Esto se puede evitar?

Por supuesto que sí. El ciberacoso es violencia y desde Save the Children pedimos una Ley Integral de protección frente a todas las formas de violencia contra los niños y las niñas, e incluimos también todas aquellas formas de hostigamiento y violencia que se prodecen a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en los que las víctimas son los menores de edad

Es necesaria una estrategia integral que garantice una respuesta ante cualquier forma de violencia contra la infancia con medidas de prevención, detección y asignar los recursos necesarios.

Las administraciones públicas y el Estado Español, tiene la responsabilidad de garantizar el cumplimiento de los derechos de los niños y en concreto su integridad física y moral. Pedimos tanto a los partidos políticos como al Gobierno de España que así lo hagan

Fuente:

http://www.eldiario.es/savethechildren/

lunes, 17 de noviembre de 2014

El cuento de una gallina que busca prevenir el acoso escolar

 

Antonio Sánchez Escudero con los cuentos, en euskera y castellano, de la gallina Culiendres y el que ha escrito sobre el tabaco.Antonio Sánchez Escudero con los cuentos,en euskera y castellano, de la gallina Culiendres. / AYGÜES

Antonio Sánchez Escudero ha narrado su experiencia de niño en un relato que le gustaría distribuir por los centros escolares

CRISTINA TURRAU

El jubilado Antonio Sánchez Escudero (Madrid, 1937) está decidido a distribuir su cuento 'La Culiendres' por los centros escolares donostiarras -y también guipuzcoanos- como prevención contra el acoso escolar. Ha editado además el relato 'Koldo y Mikel. La vacuna contra el tabaco', para evitar que los chavales empiecen a que padece desde hace 15 años, Sanchez Escudero dice con orgullo que llevafumar en su adolescencia. «Me gustaría presentarlos en los colegios y planteo distribuir los textos a precio de coste, a 2 euros». Luchador frente a la enfermedad de Parkinson los últimos 5 años con la misma dosis de medicación. «Hay que luchar», sostiene.

Su experiencia

Parkinson. Su libro 'Mi lucha contra el Parkinson' pretende ser «un canto a la alegría de vivir».

Sus frases. 'La persona que no cometa un error nunca hará nada interesante' o también: 'Hay personas tan pobres que solo tienen dinero' .

Contacto. En el e-mail asanes67@hotmail.com

Su experiencia como acosado

Antonio Sánchez Escudero ideó su proyecto de prevención del acoso escolar mirando su propia experiencia. «Con 12 años yo sufrí acoso en el colegio de La Paloma de Madrid. Los chavales empezaron a meterse conmigo, porque era pequeño de estatura y tenía la mandíbula saliente, según decían. Empezaron a llamarme 'mono'. Empezaban a pegarme y a acosarme. Nadie salía en mi defensa. El peor momento era el de volver al colegio. No conté nada en casa. La situación se cortó al caer enfermo de tuberculosis. Con la enfermedad toqué fondo. Oía a mis hermanas decir: 'el niño se muere' y decidí que no me iba a morir. Así empezó mi lucha. Cuando salí de la enfermedad dejé el colegio. Con 14 años entré de botones en una empresa de importación y exportación que me sirvió para aprender idiomas. Eran otros tiempos».

El cuento de la Culiendres

Antonio Sánchez Escudero relata que tuvo la suerte de conocer y querer a una gallina muy especial en el gallinero que tenía la familia. «La Culiendres era una gallina muy pequeña, que tenía muchos defectos. Lo relato en el cuento. Es la historia de una gallina, pequeña, fea, con 3 plumas por cola, alitas caídas y la crestita pálida como un chicle pegado. El pico parecían 2 palillos cruzados y hay que añadir que ni sabía cacarear ni ponía huevos. Lo peor era que sufría el acoso de absolutamente todas las gallinas del gallinero. Las gallinas le picaban y dormía en un rincón. Era mi gallina favorita».

La Culiendres puso un huevo

El cuento de Antonio Sánchez Escudero recoge los recuerdos de niño de cómo se salvó su gallina favorita. «Aumenta la desgracia de la gallina cuando oigo a mi padre decir 'La Culiendres no pone huevos, habrá que hacer un caldo con ella'. Deseé con todas mis fuerzas que la gallina pusiera un huevo. Le animé desde mi mente de niño tanto para que lo lograra, que un domingo por la mañana, en el rincón del gallinero que ella ocupaba apareció un huevo diminuto. Era el primero y el último que puso, pero la gallina se salvó. Es una historia real, que yo viví en primera persona. Es un cuento con dibujos acuarelados con el que pretendo que, al leerlo, los niños y las niñas se hagan amigos de los acosados, de las personas que tienen algún defecto».

Sí a los defectos

En una sociedad que busca excesivamente la perfección, Antonio Sánchez Escudero se declara defensor de los defectos. «Con mi cuento quiero enseñar a los niños que tener un defecto puede ser un don. En las presentaciones que he tenido, relato a los niños que en el antiguo Egipto unas orejas o una cabeza grande, así como tener una nariz torcida estaba considerado como una distinción. Era una forma de 'estar tocado por los dioses y de ser respetado. En las islas Fiyi mantienen la misma tradición. Cuando estuve allí y por mi mandíbula saliente me decían que estaba tocado por los dioses. Hay que dar la vuelta al tema de los defectos, porque la perfección no existe».

Los acosadores son cobardes

Por propia experiencia, Sánchez Escudero considera que la persona acosada termina siendo valiente y que el acosador es, por principio, cobarde. «Cuando los acosadores se ven obligados a enfrentar un problema, se hunden. El acosado termina desarrollando la resilencia, pero antes pasa por un calvario. Entiendo las decisiones drásticas porque un acosado prefiere estar en la cárcel que volver al lugar del acoso. El sufrimiento llega a ser tan grande que te lleva a tomar decisiones imprevistas. Con el libro pretendo prevenir estas situaciones».

En la escuela

El autor ha tenido la oportunidad de presentar su libro ante niños de entre 8 y 12 años. «Explico el cuento a los chavales y luego ellos lo leen. Quedan alucinados y estoy convencido de que con la prevención terminaríamos con el acoso al 100%. Al niño hay que darle experiencias y hacerle sentir emociones. Si solo le damos conocimientos, los niños dejan de ser inteligentes, porque se les está limitando su creatividad»…

Fuente:

http://www.diariovasco.com/san-sebastian/

martes, 11 de noviembre de 2014

Yo fui víctima de acoso escolar

 Fuente

acoso-escolar-víctima

Yo sufrí acoso escolar. No voy a andarme con rodeos, esta es la realidad. No es algo que me guste rememorar y salvo las personas que lo vivieron conmigo, creo que nadie más lo sabe. Fue una época breve pero horrible.

Estaba en segundo de B.U.P., lo que equivale a tener quince años. Hacía poco que había aterrizado al instituto proveniente de un colegio de monjas y lo cierto es que para mí fue una época de cierta zozobra. Ya conté que durante la época del colegio tuve cierto protagonismo, y esa posición de "liderazgo" por decirlo de alguna manera, se vio dinamitada en cuanto llegué al instituto. Digamos que dejé de ser de las guays. Entre aquellos adolescentes a los que le brotaban sus primeras barbas y entre aquellos que fumaban pitillos a escondidas en los baños, yo me quedé difuminada, grisácea, casi invisible. No tenía nada que ofrecer a aquella gente ávida de experiencias vitales porque yo era simplemente una pardilla empollona.


Una noche, coincidiendo con unas fiestas locales, mi madre me dejó salir hasta la una de la madrugada. Tomé unas mistelas más de la cuenta con mis amigas y en el camino de un garito a otro, me encontré con una amiga del colegio. Ella sí estaba experimentando de lo lindo con alguna que otra sustancia. Después del momento "exaltación de la amistad" que nos regalamos, me dijo que estaba de bajón porque se le había acabado el costo. Yo ni siquiera sabía lo que era eso, pero me parecía la pera limonera de guay y me visualicé enfilada al estrellato con la gente chachi del insti. Justo pasó por allí la cuadrilla de los malotes, y a mí, en mi estado de tontalberro chisposo, se me ocurrió acercarme a un chico de mi clase, Joaquín, y decirle con la mejor de mis sonrisas: ¿Tienes costo?

Los chavales se miraron entre sí y se descojonaron de mí en mi santa cara. "Hombre, si santa Trimadre le da al costo, qué callado se lo tenía... " Y más risas. Intenté explicar que no era para mí, que estaba haciendo de mensajera, pero fue totalmente inútil. No tenían ningún interés en escucharme y se alejaron entre carcajadas histriónicas. Me sentí humillada. Aun así, pensé que todo quedaría en un mal rato y seguí disfrutando de la noche.

Me equivoqué.

El mismo primer día que volvimos a las aulas después de las fiestas, Joaquín me demostró qué grande era mi error. Llegó tarde, cuando todos estábamos ya sentados y en silencio. Para llegar a su mesa, dio un rodeo con el fin de pasar por delante de la mía. Cuando llegó a mi altura, dijo en voz alta: "¿te duele la cabeza? Tengo entendido que las drogas dan jaqueca... " Ante mi cara de espanto, simplemente sonrió y se apartó el flequillo de la cara con un gesto altivo.

No quiero eternizarme. Solo diré que durante un tiempo del que no sé especificar la duración, las clases transcurrieron para mí con el miedo de sus constantes provocaciones, humillaciones e insultos. Incluso en el transcurso de los exámenes, incluso durante un recital de poesía para el que fui elegida y al que acudieron los padres. No sé expresar con palabras el miedo que sentía, la fobia que desarrollé a que todo el mundo creyera que yo era una drogata, a que mi familia pensase que estaba consumiendo drogas, a que los profesores viviesen una decepción conmigo. En resumen, tenía miedo al ESTIGMA.

Ahora estoy segura que él hablaba solo para mí, que nadie le oía... Era mi miedo el que aumentaba la percepción de los decibelios. Visto desde la distancia, mi temor no era racional, pero a esa edad... ¿quién es completamente racional?

Una noche, mi madre entró a mi habitación y me encontró llorando. En cuanto me preguntó qué me pasaba, todos mis portones de defensa se derrumbaron y le conté todo, desde el principio. Me creyó, por supuesto, y entre ella y una amiga maestra, me ayudaron enfrentarme a él y a mis miedos. Me aconsejaron que fuese fuerte y aparentase indiferencia ante sus humillaciones o que incluso tratara de tomármelas a risa. La única forma de que Joaquín parase de hacerme daño era que el juego dejara de divertirle y para ello era necesario que yo dejara de sufrir, aunque solo fuera "a sus ojos".

También tengo que agradecerla a mi amiga María su capacidad para enfrentarse a Joaquín todas las veces que ella vivió de cerca mi dolor. Aunque él no se sentía intimidado, sentirla de mi lado me daba un poco de fuerzas para sobrellevarlo.

Finalmente, conseguí que cesara, que se olvidara de mí, que me dejase en paz. Conseguí volver a ser yo y sacar importantes aprendizajes de todo aquello. Mis notas no llegaron a verse resentidas, no llegó jamás a pegarme, fue relativamente poco tiempo, aunque a mí se me hiciese eterno. Nunca actuó en grupo aunque contase con la complicidad de sus amigotes. Encontré ayuda, supe hacerme entender, tuve suerte. Pero reconozco que sentí que todo aquello iba a ser más fuerte que yo.

Ahora cuando leo sobre acoso escolar siento que revivo la pesadilla. Y cuando leo noticias como la del chico al que le han reconocido una discapacidad después de cinco años de vejaciones y malos tratos en el colegio, o la historia de la chica que se suicidó por las humillaciones sufridas durante tanto tiempo, no puedo dejar de pensar que algo está fallando en el sistema, en los colegios, en las familias...

¿Cómo es posible que un niño o un adolescente sufra ese calvario durante tanto tiempo sin que se tomen las medidas oportunas? ¿Cómo puede haber partes de malos tratos, lesiones, amenazas y humillaciones en público sin que nadie tomara cartas en el asunto? ¿Por qué hay niños o adolescentes que disfrutan horrorizando y maltratando a otros? ¿Qué tipo de personas son ahora y qué tipo de personajes serán en el futuro?

Son demasiados preguntas sin respuesta. Demasiado dolor.

Título alternativo de este post: "Son cosas de críos"... y otras anomalías del sistema.

 

Fuente:

http://www.trimadre30.com/

martes, 4 de noviembre de 2014

Carta abierta a un acosador: 'Gente como tú acabó con ella'

 

Montserrat Magnien, con un retrato de su hija Carla.MONTSERRAT MAGNIEN

Querido acosador:

Aunque no me conoces, yo a ti sí. Llevas en la frente marcada la 'm' de matón. No encuentro otro calificativo para personas como tú. Porque no te importa para nada el sentimiento y padecimiento de los otros.

Os conozco. Yo a ti te conozco. Durante mucho tiempo unas tipas como tú se dedicaron a destruir la vida de mi hija con la mayor perversidad del mundo. Hoy solo puedo pedir que la justicia os imponga el mayor castigo.

Yo por mi parte intentaré que su muerte no caiga en el olvido y pese sobre vuestra conciencia si es que la tenéis.

Lo primero que quiero hacer es presentarme. Soy la mamá de Carla Díaz, esa niña a la que destruyeron sus ilusiones, su futuro y lo más importante: su vida. Te conozco, matón. A mi niña la insultabais y agredíais. E incluso animabais al resto de compañeros para que se alejaran de ella. Como si fuera una persona con una enfermedad contagiosa.

Carla era una niña cariñosa, afable, risueña, cantarina y llena de vida y de planes. Era inteligente y sabía lo que quería, ya que tenía una gran personalidad. ¿Acaso eso era motivo de odio hacia ella? ¡Dios! ¡Era una niña, mi niña!

Montserrat Magnien, con un retrato de su hija Carla. CARLOS GARCÍA POZO

Querido acosador:

Yo quisiera saber por qué. Yo quisiera saber qué daño os hacía. Yo quisiera saber por qué la odiabais tanto. No puedo entender que llevéis tanta maldad dentro.

Gente como tú acabó con ella. Un jueves se levantó, tomó su desayuno, me colmó de besos... y no volvió. ¿Por qué? Porque cuatro niñatas de mierda se cruzaron en su camino. Ella sólo quería ir al cole y disfrutar como todas las niñas de su edad de aquellas cosas que le gustaban y no tener problemas con nadie, pero cada día se encontraba con personas como tú. ¿Qué le hicisteis ese día? ¿Quién tiene su cazadora y su Blackberry?

A nadie le importaba el que -con su esfuerzo- recuperara las ganas de estudiar, que sacara adelante las asignaturas suspendidas. Cada día os las ingeniabais para humillarla. Si no eran sus gafas, era su condición sexual ¿Por qué os importaba tanto hundirla? Acaso llevar gafas o ser bisexual eran suficientes motivos para sufrir un linchamiento como el que vosotras cometisteis con ella. Qué pena me das, acosador. Porque tu vida estará marcada por todo el mal que has hecho.

Yo querría saber por qué no hubo nadie en su centro educativo que viera en ella una persona y no un número. Quizás fue porque lo único que interesa es que no haya problemas. Todos a callar y aquí no ha pasado nada. ¿Cómo podéis dormir tranquilos? Sólo de pensar que aquel día, durante seis horas de clase, nadie se preocupara de que hubiera un pupitre vacío -el de Carla Díaz-, siento asco. Qué pena tan grande pensar que a mi más preciado tesoro, a mi niña, nadie la echó de menos. No había asistido a clase y nadie se percató de ello. Yo acuso: vosotros, profesores, la teníais que cuidar y proteger.

Querido acosador:

La sociedad dice que no existes, pero yo te he mirado a los ojos y te he visto por dentro. Un corazón ciego. Te escribo esta carta con el sueño de que esto no vuelva a pasar. Para que dejes en paz a los que todo el mundo apalea. Para que te pongas delante de un espejo y te asomes. Dime qué ves.

Me hago preguntas. Como madre y como ciudadana. Diecinueve meses después del suicidio de mi niña me hago preguntas. ¿Que educación damos a nuestros hijos si les mandamos callar ante hechos como éstos? ¿Qué están haciendo las administraciones para acabar con esta lacra? ¿Qué parte de responsabilidad tenemos todos? ¿Qué estarías haciendo ahora si nada hubiera pasado?

No quiero ni puedo entender que unas niñas de estas edades puedan llegar a cometer estos hechos. No puedo entender que el castigo sea mínimo. ¿Acaso con unas tareas sociales van a ser mejores personas?

Querido acosador:

No quiero ni pensar a cuántos niños has acosado, cuántos siguen pasando por lo mismo diariamente, cómo duermes.

Cada minuto de mi vida me pregunto si es posible que yo hubiese llegado a tiempo para impedir aquello. Nunca lo sabré, ahora solo me queda su recuerdo.

'Tk', princesa.

Hasta el infinito.

Montserrat Magnien es la madre de Carla Díaz, la niña que se suicidó con 14 años en 2013 tras meses de acoso escolar y cuyo caso ha reabierto la Fiscalía de Menores.

Fuente:

http://www.elmundo.es/espana.html

 

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miércoles, 27 de agosto de 2014

¿Hasta cuándo?… otro caso más: El destierro del acosado

 

CronologiaManuel Rodríguez G.

No puedo negar que cada vez que leo noticias como la que abajo reproduzco, aparece en mí una ansiedad manifiesta y a la vez rebelde, tras saber que demasiados miserables campean a sus anchas, mientras una niña, sigue sola y perdida en su ya triste adolescencia. Vienen a mi memoria experiencias análogas a las que ahí se cuentan, dado que mi hija es un claro ejemplo de víctima ligada a ese terrorismo psicológico, denominado acoso escolar.

Otro caso más y de nuevo la impunidad hace mella en el entorno de la víctima. Y es que la idea que queda es que la violencia es rentable. Solicitud de 80 horas de trabajo para la comunidad ante una posible condena contra los años que el chaval sufrió acoso escolar.

Resolución: Negación del problema por parte del colegio y exilio de la víctima a otro Centro. Y nada más. Esa, desgraciadamente es la postura enraizada del Sistema Educativo y de las Instituciones medradas o complacientes que lo consienten.

Con esa cínica actitud se está macerando demasiada tensión, falta de credibilidad hacia las Instituciones implicadas y un amargo regusto de planteamientos ligados a la toma de decisiones para administrar la justicia por uno mismo; es decir, el mensaje que se está dando a muchos jóvenes es que la denominada Justicia no existe o al menos, ésta es demasiado permeable con los agresores. Por tanto se está acrecentando el aprendizaje inconsciente del “ojo por ojo, diente por diente”, sólo que quien ha sido humillado y hostigado tan cruelmente durante ese dilatado tiempo (incluso con posibilidad de sufrir cuadros ansioso-depresivos y estrés postraumáticos), puede llegar a tener una visión muy radical de ese “ajuste de cuentas personalizado”:

Consigo mismo, sintiéndose desterrado de todos y de todo y “quitándose de en medio”; es decir suicidándose como única salida a su sufrimiento en silencio y la inacción socio-escolar de demasiados actores implicados…

O, por el contrario, vaciando su ira contenida, su dolor y su agresividad almacenada por tanta violencia recibida, de quienes le llevaron a ese túnel oscuro y  desesperado. En el peor de los casos, un mal día, se hablará de  que un loco armado indiscriminadamente “segó” la vida de unos cuantos estudiantes… entre los que quizás estuviesen no sólo algunos de sus agresores, sino incluso algunos testigos cómplices.

Las autoridades seguramente aducirán, en uno u otro caso, una posible enfermedad mental del individuo; sólo que llegado el caso, quizás les incomode confirmar que ante todo fue víctima de ese cáncer silencioso y cobarde, por consentimiento y complicidad de quienes nada hicieron para remediar tan tristes y duras vivencias.

En cualquier caso, habrá ganado la violencia, por omisión o comisión, pero habrá ganado. Es, sin duda alguna, el mensaje que está calando y calará en buena parte de la sociedad Triste¿A quién se lo debemos?

 

El martirio de un estudiante acosado

( Fuente:  http://sociedad.elpais.com/ )

Un menor relata en un sumario judicial las  humillaciones y agresiones a las que le sometió un grupo de compañeros de clase durante tres años

(Foto: Fachada del colegio Santo Angel de Sevilla. / Paco Puentes)

José Antonio Hernández

La escena de la puerta del colegio —su hijo de 15 años abrazado a su hermana, de tres, con “ojos llorosos y mirada perdida”— estremeció a la madre. Intuyó al instante que estaba ante un nuevo episodio del “grupito de siempre” contra su hijo. El que hacía años que venía amargándole la vida. Era 31 de marzo de 2011 y A. (todos los protagonistas de este reportaje son menores de edad) confesó a la madre que tenía miedo por si le pegaban los del “grupito”. Ese día fue el último que acudió al colegio Santo Ángel de la Guarda, de Sevilla. Desde entonces, las comunicaciones entre el colegio y la familia se desarrollaron vía burofax. Los padres acusaron al colegio “de no hacer nada para evitar el martirio” vivido, y más tarde lo detallaron ante la fiscal de Menores, que abrió un proceso por un delito contra la integridad moral.

Un juez de menores de Sevilla absolvió a los expedientados por falta de pruebas

El juicio duró cuatro días. El fiscal pidió 80 horas de trabajo en beneficio de la comunidad para cinco alumnos y nueve meses de libertad vigilada para uno de ellos. El juez les absolvió porque algunos hechos estaban prescritos y de otros no había pruebas. Aun así, la sentencia deja abierta la vía civil por si los padres quieran exigir una indemnización por los daños causados a su hijo.

Según el sumario judicial, los primeros problemas empezaron en 2009. Al chico le molestaba que le pusieran motes alusivos a su cabeza. Los motes iban acompañados de aislamiento e insultos: “Cabezón, champiñón...”.

Un día, en clase de informática, uno del “grupito” convenció a otro para que dibujase un champiñón con un cigarro en forma de cabeza. Ajeno a la treta, el profesor incluyó el dibujo como portada en todos los monitores, conectados en red. Al abrirse las pantallas, las risas de la clase sembraron de lágrimas los ojos de A. “Sentí vergüenza y agaché la cabeza”, contó A. después a la policía. El profesor quitó la imagen y le pidió perdón. Dibujos parecidos aparecían algunas mañanas en la pizarra. Para A. el colegio se convirtió en un suplicio. Su rendimiento cayó estrepitosamente: “¿Qué me pasará hoy? ¿Qué me harán? ¡Y nadie hace nada...!”. El menor intentó quitarse la vida.

Algunos alumnos tenían la costumbre de tirarse bolígrafos unos a otros en los cambios de profesor. A. perdió muchos. Los del “grupito” se los quitaban del estuche y no se los devolvían. Sus escasos amigos también habían sufrido en ocasiones las arbitrariedades de estos líderes de la clase.

El fiscal pidió 80 horas de trabajos comunitarios para los cinco implicados

A. comenzó a acudir a este colegio concertado con cuatro años. Sus problemas empezaron cuando, en sexto de primaria, vio a un alumno que hasta entonces creía amigo, romperle la cremallera de la cartera. Lo comentó a sus padres y estos a los del otro (cuya inicial es B.). B. nunca se lo perdonó. Durante la ESO, comenzó “a difamarle”. “Es un chivato”, expandía en el aula. Luego llegaron los motes, y el aislamiento.

A. no entendía por qué siempre era él la diana del grupo. Lo pasó muy mal el día en que uno de ellos le convirtió en objetivo de un violento juego escolar que ellos llamaban chante. Ese juego les sirvió para propinarle “15 puñetazos normales y tres muy fuertes”. Aprovechando que un alumno estaba distraído, otro amagaba con darle un golpe. Si en un acto reflejo la víctima se apartaba, el que había hecho el amago buscaba la mano de los alumnos que hubiesen presenciado la acción; por cada uno que se la estrechase, este se consideraba autorizado para darle un puñetazo en su nombre. 26 alumnos estrecharon la mano. Cuando su madre le vio por la noche el moratón, A. mintió diciendo que se lo había hecho en baloncesto.

Otro de los alumnos que le hacían “la vida imposible”, era un repetidor de curso con problemas con la Fiscalía de Menores. A. le tenía pánico. Según la fiscalía, un día le robó un móvil de 400 euros. El chico pidió que se lo devolvieran pero solo recibió como respuesta “rostros de risa”.

Poco después, otro alumno llamado M., el que más solía humillarle con los motes y su verdugo en el juego del chante, interrumpió un día una clase y exigió que apareciese su teléfono. No lo tenía en su mochila. Él y sus amigos dieron por hecho que había sido A. Le miraron la cartera y, al ver que no estaba allí, le pidieron que se subiera los pantalones por si lo llevaba en los calcetines, y luego que se los bajara por si lo guardaba en los calzoncillos, delante de toda la clase. A. mostró los calcetines y salió corriendo del aula. El teléfono estaba escondido en un árbol, según confesó el menor a un amigo. “Quiero que se dé cuenta de lo mal que se pasa. Pero se lo devolveré dentro de unos días”, se sinceró. Su amigo se comprometió a devolverlo por él sin delatarle. Aun así, trascendió su autoría y los problemas con el grupo arreciaron. Insultos, empujones, mofas constantes... Varias veces acudió A. a la orientadora del colegio para expresarle su malestar por las vejaciones. La orientadora, según el sumario, habló con quienes le insultaban y les dijo que debían acabar con su acoso.

No solo le insultaban: también llegaron a ponerle de escudo de fechorías de otros. En una ocasión el grupo le acusó de ser uno de los alumnos que había escupido a través de una ventana unos padres que visitaban el centro. A. temió que si no lo admitía le pegasen a la salida de clase, y se confesó autor. “Me dolió mucho”, contó el menor al fiscal. La misma impotencia que sintió el día en que otro miembro del grupo, lanzó un borrador en clase y destrozó un castillo en el que el menor estuvo trabajando durante la Semana Santa para entregarlo al profesor de manualidades. Este le exigió que pidiera disculpas. Y lo hizo, pero “riéndose”.

Cuando todo estalló el 31 de marzo de 2011, los padres de A. empezaron a explicarse la tristeza que solía traer a casa el menor, y por qué un adolescente que sacaba buenas notas de pronto suspendía la mitad de las asignaturas. Se activó el protocolo de acoso, pidió el cambio de centro y ahora hace una vida normal en un nuevo centro.

Los padres denunciaron al colegio como responsable subsidiario. La versión que dieron los responsables del Santo Ángel de la Guarda es que no supieron del acoso hasta mayo de 2011, y que dieron una “respuesta inmediata y proporcionada” a todos los hechos (los motes, el robo del móvil...). Los padres de A. han logrado que la Junta de Andalucía traslade a su hija pequeña al mismo colegio que su hermano. Huyen de la imagen que se encontró la madre aquel 31 de marzo a las puertas del colegio.

 

http://vagabundotraslalibertad.blogspot.com.es/

miércoles, 25 de junio de 2014

Bullying en primera persona

 

EN RECUERDO Y HOMENAJE DE NAIRA COFRECES

 

OMAR BELLO - Fui víctima de bullying durante años. Escribí esta nota para la revista NOTICIAS (también en el diario LA VERDAD). Va como homenaje a Naira y todos los que sufrieron este drama.

 

Omar Bello

Días pasados casi me mato con el auto. Salvé la vida de milagro. “¿Cómo se relaciona esto con el bullying?”, se preguntarán ustedes. Seguro que en nada, pero la cercanía de la muerte y el caso de Adrián Molaro, el jóven de 24 años que asesinó a su compañero Alexis Céparo después de dos décadas de acoso, me hicieron pensar algo: sólo quienes vivimos una experiencia así podemos entender qué significa ser un niño esclavo, cómo afecta, y la cantidad de pavadas que se escuchan; entre ellas pedirle a los chicos que busquen ayuda. Si no hablamos nosotros toman la palabra un montón de eruditos que aprenden en los libros.
La cosa empeoró con la muerte de una chiquita de 12 años en Florida, quien se suicidó empujada por quien se suponía era su mejor amiga.
En mi caso particular fui esclavo (y hay que ponerlo así, sin paréntesis) desde los 9 hasta los 13 años. José Luis García se llamaba el acosador en cuestión quien, poco a poco, tomó mi existencia como si se tratara de un vampiro. El dominio que logran estos personajes es tal que, lo último que quiere el niño afectado es llevarlo a otros espacios. Su casa, por ejemplo. García no sólo convertía mis días de colegio en un infierno sino que había detectado algo: lo último que yo quería era a mis padres formando parte del asunto. Para que tengan una idea de qué nivel de psicopatía estamos hablando, solía acompañarme con una tiza en la mano diciendo “Voy a escribir en el frente de tu casa todo lo que se dice de vos en el colegio”. Y lo que se decía de mi iba desde gordo inútil (no me gustaba el fútbol) hasta maricón. Además, y esto es muy importante, yo estaba convencido de que José Luis tenía razón en casi todo; es decir, no me sentía víctima de nada sino alguien descubierto en mi interioridad por un ser “superior”.

Puedo recordar con exactitud el día que todo empezó. Estábamos en la fila y me preguntó “Sabés lo que es c…”. Hoy puede parecer ridículo pero entonces no tenía la menor idea de qué estaba hablando. El único atisbo de ayuda que puedo registrar es haberle preguntado a mi madre sobre esa palabra. “Coser, como coser un vestido”, respondió ella. Ambos sabíamos que el asunto no pasaba por ahí aunque me alcanzó para entender que de “eso” no debía hablarse en cuarto grado. Al otro día me tocó la cola en el recreo. Le pegué una trompada y la maestra me llevó “detenido” a la dirección, vergüenza que para un alumno aplicado como era yo fue peor que el sometimiento que empezó a desplegarse.
Siempre bajo amenaza de perturbar el único nicho no asfixiante que tenía (mi hogar) José Luis, quien era repetidor y un año mayor que yo, comenzó un proceso que contado puede resultar inocente y por eso los adultos se confunden y lo minimizan, de hecho mi madre lo apreciaba. Primero me obligaba a acompañarlo a las clases de guitarra que él tomaba, yo quedaba ahí solo, esperando que terminara; después inició un ciclo que incluía hacerme visitar su casa todos los días por la tarde, alardeaba de tener un esclavo frente a sus amigos del barrio. Pedía que me escondiera en un pastizal cercano al arroyo y me quedara ahí, rodeado de bichos y gusanos horas enteras. Las ratas me caminaban por las piernas. Claro que lo peor pasaba en el cole. Durante los recreos afianzaba su liderazgo grupal tomándome como objeto de burla. Y acá hay un punto interesante: yo me defendía, peleaba. Sin embargo, cuanto más lo hacía peor era. O sea, la imagen del niño débil que no se enfrenta es un error. Cuando encontraba al resto de mis compañeros solo, cara a cara, me pedían perdón y hasta ofrecían ayuda, aparecía García y todos formaban un solo cuerpo.

En el verano marcaba los días igual que un preso, aterrado con la llegada de marzo. Pensé en matarme, matarlo, y eso que más allá de insultos y tocadas de trasero nunca intentó violarme o nada por el estilo. Sé que en nuestros días las cosas están más bravas. Ni quiero pensar lo que estarán atravesando algunos niños. Mi rendimiento escolar cayó en picada y hasta fui perdiendo la visión. Sólo una maestra, que no era de mi grado, se acercó un día para preguntarme qué estaba pasando. “Nada”, le comenté con terror, y pareció conformarse con la respuesta.
García masacró mi identidad. No era un monstruo, pero la combinación de mis problemas y los de él convirtieron la situación en monstruosa. En la fiesta de fin de curso hizo un pacto con todos los demás compañeros. Cuando yo subiera me gritarían los peores insultos delante de mi familia. Avancé por los escalones del escenario temblando y la noche anterior no puede pegar un ojo. Él me miraba fijo desde abajo aunque no dijo una sola palabra, tenía una media sonrisa que le bastaba para decirme “Me perteneces”.

Fue un lustro espantoso en el que viví girando alrededor de los deseos, caprichos y demandas de ese chico al que, debo admitirlo, hubiera matado con gusto. Sin atravesarlo, nadie sabe lo que significa transformarse en objeto de otro que utiliza la amenaza justo donde psicólogos y padres prometen soluciones. Porque a esa edad estás convencido de que la intervención de los mayores perjudica. ¿Saben qué? Ahora que tengo 50 años todavía sigo dudando si no será así, si la palabra bullying no es ligera para definir un espanto que los colegios creen corregir con charlas.
¿Cómo terminó? “¿A qué secundario vas?”, me preguntó el día que salíamos de séptimo grado. Le mentí pero él ya sabía perfectamente dónde iba. “Te voy a perseguir hasta el fin de tu vida”, me dijo. Y agregó: “Les voy a contar a todos tus nuevos compañeritos todo lo que sé de vos”.

Dado que yo estudiaba industrial y el comercial, apenas nos veíamos en los recreos y de lejos. ¿Mi solución? Esconderme en el vestuario del taller. Un año entero estuve ahí, escondido detrás de bolsos y ropa sucia para evitar verlo a la hora de “recrearse”. Un día salí y no estaba. Por las dudas me oculté otra semana más. Seguía sin estar. Alguien me contó que había dejado el colegio para trabajar con el padre. Fue el comienzo de mi vida adulta, hice amigos, lo pasé bárbaro, eso sí, no sé qué hubiera pasado si en lugar de abandonar él terminaba la secundaria.

Fuente:

http://www.laverdadonline.com/

viernes, 21 de febrero de 2014

Acoso escolar: Exilios obligados

 

exilioEl acoso escolar, desde dentro

"Cuando te están agrediendo, las cifras dan lo mismo: lo que quieres es que te ayuden", dice una víctima.

Mientras algunas autoridades y portavoces educativos desdramatizan el acoso escolar, las víctimas señalan que el debate no puede ser sólo estadístico. "Cuando te están agrediendo, las cifras dan lo mismo: lo que quieres es que te ayuden", recalca Ángel F. desde su estrenada mayoría de edad, que le permite contar públicamente sus 10 años de sufrimiento y reflexionar en voz alta sobre la "cadena de violencia que hay que parar".
Todo "empezó por el pelo largo, con los típicos motes", recuerda durante una "Jornada sobre el acoso escolar y los medios de comunicación" celebrada en el Colegio de Psicólogos de Madrid. Tenía apenas 6 años, y sus "profesores no le daban importancia", convencidos de que "con la edad iría cambiando" la situación. Pero no. "Fuimos creciendo, mis agresores y yo, y las agresiones se hicieron más fuertes y cada vez más continuadas". Más que los puñetazos y moratones, le dolía el daño psíquico de verse arrinconado a la fuerza: "Es muy duro salir al recreo y escuchar que no puedes jugar al fútbol". Y tanto o más aún que "sepan la chica que te gusta y te peguen y humillen delante de ella".

Dos tipos de profesores

Su examen al claustro es severo. "Hay dos tipos de profesores", rememora. Por un lado, "los que ven el problema e intentan ayudarte", hasta que la escasez de recursos les hace abandonar ese esfuerzo. Y por otro, "los que van a la escuela a sobrevivir y prefieren ponerse de parte del agresor" por temor a que "todos los agresores se le echen encima y le hagan imposible dar clase". En esas condiciones, reflexiona, "¿qué va a hacer un niño que se siente solo? No tiene salida. Yo lo he vivido. Cuando eres víctima, lo que quieres es que te ayuden". Además, remacha, "los consejos no sirven para nada; en ese momento no escuchas a nadie, estás cerrado en banda y con la autoestima destruida".
Como en otros casos, las agresiones "salieron del instituto y se extendieron por el pueblo", hasta dejarlo, bajo amenaza de recibir una paliza si salía, "prácticamente enclaustrado en casa con mis padres". Los ataques se irían ampliando poco a poco al resto de la familia, mientras la recomendación del colegio de denunciar el asunto quedaba desvirtuada por el pronóstico de que "no iban a hacer nada a los agresores porque tenían menos de 14 años". Peor aún, todo ello les hizo crecerse y mostrarse "como si tuvieran un trofeo, orgullosos, con una excusa para vengarse".

Exilio forzoso

La situación "llegó a ser insoportable", y acabó forzando un auténtico 'exilio por bullying' de la familia, que tuvo que trasladar su residencia a otra población a 200 kilómetros de distancia. Ángel está contento de haber "rehecho su vida" lejos de aquel infierno vital y de haber encontrado nuevos "amigos de instituto que son una pasada", pero, mientras se señala expresivamente la cabeza, confiesa que "el recuerdo te queda aquí" y que "sigo con pesadillas, nervioso, sin poderme concentrar en clase... Han sido 10 años, y es fuerte decir que te acostumbras a que te agredan".
No es, pues, asunto de cifras. Ni tampoco de casos individuales. Porque, como remarca él mismo, "no es sólo el acoso escolar", sino que "todos los problemas de violencia van unidos". Y de ahí su advertencia: "Cuando los agresores tengan novia, la van a maltratar. Y cuando tengan hijos, los van a maltratar o les van a enseñar a hacerlo, porque son autoritarios".

Fuente:

http://www.heraldo.es/

lunes, 12 de agosto de 2013

Asco y soledad (pero menos con gente como la que se menciona)

 

solidaridadHoy traigo a escena un escrito  de alguien muy cercana a mí,muy especial, frágil y sensible pero fuerte a la vez. Tan fuerte que teniendo en cuenta las sistemáticas muestras de exclusión, burlas, desprecios y acoso desde prácticamente toda su vida, en la que ha tenido bastantes etapas de depresión, ansiedad y frustración (incluso deseos de morirse) sigue teniendo muchas ganas de seguir adelante… Ella, estos días no está aquí. Me la “secuestraron” un grupo de madres desconocidas lideradas por una tal Sara, en connivencia con otras desconocidas ya amigas que sabiendo de su sufrimiento y soledad se hicieron cómplices de ese secuestro consentido y agradecido. (Gracias Sara, Pepi, Mª José, Rocío, Toñi, Lupe… y seguro alguna que otra buena gente que mi memoría no logra traer a escena en estos momentos.

Hoy le tocará piscina, algún refresco y lo mejor: buena compañía de otros chicos que seguro la arroparán. Está en Villanueva, en casa de Sara como hace un año estuvo en Trujillanos junto a Alicia y Rocío, a la que desde entonces le tengo mucho cariño. No puedo acabar sin recordar a familias y gente como Luly, una excelente cocinera argentina y mejor persona aún, que siempre se interesó y preocupó de Silvia, junto a toda su familia en Almendralejo. Tampoco puedo ni quiero obviar a gente recientemente conocida pero que enseguida se aliaron empáticamente con esa asqueada y solitaria obligada niña. Personas como Fina y su hija Marta desde Almería, que nos han ofrecido todo el ánimo, afecto y disposición hacia Silvia porque tanto madre como hija saben por experiencia cómo se siente una joven en esas circunstancias; lo mismo que Rocío, una sevillana auténtica, única y positiva; Kueke (Ana), noble, peculiar y con mucha solidaridad, que también ha pasado por malos tragos análogos; Consuelo y su hija María, que conocen bien el daño que hace la exclusión y el destierro social; Paz, madre y también afectada por este mal social aupando y luchando por Alba, su hija y otra víctima más; como también lo han sufrido y sufren Nerea y Sarai junto a su madre Mary a la que pese a la distancia y malos entendidos no olvidamos. Marta, prima de Silvia y un verdadero apoyo para mi hija; y, cómo no, a Vicen, una entrañable y querida amiga con la que hemos vivido unas pocas pero emotivas tardes aquí en mi tierra y en la suya Valencia y que siempre regaló sorisas y ternura a esa niña Sonrisa 

Gracias sinceras para todas ellas y para, seguramente bastantes más que quizás obvié. Gracias a todas ellas por la talla humana, afecto y solidaridad con la afectada. Os dejo con las reflexiones de esa preciosa joven. Reflexiones duras y vergonzosas. Reflexiones duras para ella. Reflexiones vergonzosas para demasiada gente de mi localidad que no queriendo ni aupar, incluirla ni arroparla, en el mejor de los casos ha mostrado mucha apatía y desidia hacia esa víctima, cuando no la han hostigado o han sido cómplices por omisión o comisión de ese aislamiento y derribo radical. Merece la pena hacer kilómetros alejándonos de tanto aseptico cobarde. Kilómetros que nos han unido a gente más empática, solidaria, receptiva, consecuente, humana, comprensiva y con mucho afecto para regalar. Personas que en un gran porcentaje tienen también hijos con problemas diversos o situaciones desfavorables, futuros inciertos y quizás nada halagüeños pero que han sabido donar parte de sus sentimientos y cariño hacia una joven con sobredosis de soledad y discriminación, que necesitaba y necesita miguitas, muchas miguitas de ternura y empatía.

Va por todas vosotras, amigas, este tema que se anexa al final, de Alberto Cortez y que resume perfectamente la necesidad de un apoyo, de un terrón extra, de unas miguitas de ternura, que antes o después todos necesitamos. Gracias sinceras, una vez más. Abrazos generalizados Sonrisa

Os dejo con el escrito original de la víctima, mi hija…

 

ASCO Y SOLEDAD

soledad

Hace dos semanas, en la piscina municipal de mi pueblo, conocí a una pandilla de niñas con la que creía tener la posibilidad de conseguir amistad, porque fueron ellas quienes me saludaron y preguntaron, ya que eran alumnas del último colegio al que yo había ido. Pero me equivoqué.

Creí haberlas conocido por casualidad y estuvimos hablando de las cosas que nos gustaban. Ellas me contaron que dos de las niñatas que se burlaban y hablaban mal de mí, anteriormente en las Carmelitas, también se metían con ellas. Al creer que estuvieron muy amables conmigo, me ilusioné y pensé que con suerte me aceptarían como amiga. Quedaron conmigo en vernos el próximo día e incluso llamarnos para salir.

Estos días atrás, cuando iba a la piscina echaba un vistazo pero no las veía. Tenia mucha ilusión y ganas de volver a verlas pero nada. El lunes decidí ir a visitar a Andrea a su casa, la chica que más hablaba, que parecía la más simpática y líder del grupo. Le pregunté su número de teléfono y que cuando volverían a la piscina. Solo me respondió que ella no salía apenas pero que sí saliese o fuese a la piscina me avisaría.

Ayer martes, por fin, las volví a ver en la piscina, pero con una actitud muy distinta. Al verlas me acerqué y las saludé pero no me devolvieron el saludo, así que, después de repetir les dije que como no era bien recibida me marcharía y me despedí.

Al darme cuenta, que no querían mi amistad y que lo único que habían hecho conmigo era jugar con mis sentimientos, me sentí de nuevo como una tonta incomprendida y desilusionada. Me sentí fatal, con ganas de mandarlas muy lejos, con rabia y muchas ganas de llorar.

Estoy harta de tanta gente que no tiene en cuenta a los demás. He estado sola desde hace demasiado tiempo, porque siempre me han dado de lado y se han burlado. Ayer me sentí fatal y me entraron ganas de llorar una vez más, pero me aguanté y me hice fuerte porque como dice mi padre no debo darles ese gustó y llorar delante de esa clase de gente que no tiene empatía ni sensibilidad. Las buenas personas no hacen eso. La mala gente sí.

Creo que al final no he perdido nada porque ya no confío en la gente, ya no pueden hacerme más daño del que me han hecho todos estos años. Gente como esa me hace pensar que las buenas personas están en peligro de extinción y que tengo una maldición que se llama soledad.

 

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miércoles, 10 de julio de 2013

De cómo sobreviví al bullying

 

12Anders era un niño solitario. Solitario e infeliz. Infeliz, que no necesariamente triste, sino más bien fuera de lugar, incómodo, insatisfecho con lo que el mundo tenía que ofrecerle.

Anders era un niño bajito, con los incisivos demasiado largos y una voz aguda. Por si esto no fuese suficiente motivo de burla, Anders era listo, demasiado listo quizás, un sabihondo, de esos que no le caen bien a nadie. A Anders no le gustaban los deportes, ni los ejercicios físicos. A Anders le gustaba aprender, leer, investigar y observar. Anders era una biblioteca humana a la que los demás niños le preguntaban cosas para reírse de él. Para reírse de sus… ¿conocimientos?

sábado, 25 de mayo de 2013

Carta abierta a la diputada del PP que niega el acoso escolar LGTBfóbico en Madrid

 

bull011Ana Camins desvirtuó la PNL que instaba a intervenir contra la LGTBfobia en las escuelas

Madrid, 18 de mayo de 2013

Sra. Diputada Ana Camins Martínez:

Le escribo como director de la investigación “Acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio en adolescentes lesbianas, gais y bisexuales” que sirvió como justificación de la PNL que el pasado 16 de mayo presentó el PSM para instar al gobierno de la CAM a intervenir contra la homofobia y la transfobia en los centros educativos.

Entre decepcionado y desolado me vi obligado a abandonar la tribuna de invitados debido a lo ofensiva que me resultó su defensa de una transaccional que, lejos de ser una auténtica propuesta, era una estrategia para desvirtuar por completo, en fondo y forma, una proposición que había sido demandada por diversas asociaciones LGTB.

Escucharle negar la validez de los más de veinte estudios disponibles que demuestran la gravedad del problema fue triste. Verla hacerlo sin aportar ningún argumento todavía lo fue más. ¿Con qué derecho? ¿Acaso se ha molestado en leerlos, en conocer las cifras, los argumentos y testimonios que en ellos se recogen? Estos estudios han sido realizados por investigadores de universidades madrileñas, por el Ayuntamiento de Coslada, por el Injuve, por el CIS, por el Ministerio de Trabajo, por el Ararteko vasco… Frente a ellos, su razonamiento fue que si lo que presentan dichas investigaciones fuera cierto estaríamos ante un territorio comanche, algo que su partido no puede aceptar. Reconocerá que no se trata de un argumento muy científico como para echar por tierra tanto volumen de rigurosísimo trabajo.

No sé si los 160 jóvenes madrileños que participaron en el mencionado estudio que relaciona acoso homofóbico y riesgo de suicidio aceptarán el término territorio comanche para describir el calvario que han relatado a nuestros investigadores. Tal vez para los cerca de 30 que afirman haberse intentado quitar la vida en una o varias ocasiones sí sea una forma precisa de calificarlo. Chicos y chicas de la capital, de Getafe, de Móstoles, de Leganés, de Alcalá de Henares, de Fuenlabrada, de Majadahonda, de Rivas, de Collado Villalba…

Por haber sufrido violencias que empañan la idílica imagen del sistema educativo que usted defiende, estos chicos y chicas no van a encontrar amparo y protección por parte de su partido y del Gobierno regional. Sería reconocer que las cosas no se están haciendo del todo bien. Cuando decidieron participar en nuestro estudio lo hicieron satisfechos de que, por fin, alguien los escuchaba. Poco se imaginaban que su voz iba a ser acallada por el partido que gobierna su comunidad y al que, con toda probabilidad, han votado muchos de sus padres y madres.

Más demoledor todavía es tener la certeza de que usted no se creía ni una palabra de lo que estaba defendiendo. Porque me consta que hasta el día anterior había decidido apoyar una buena parte de la propuesta socialista –que contaba, le recuerdo con el apoyo del resto de nuestros representantes-. Especialmente porque usted asistió hace apenas unas semanas a la presentación de esta investigación en la Comisión de Igualdad de la Asamblea madrileña, y creo que conoce perfectamente la dimensión del problema. Pero llegó la voz de su amo imponiendo una posición obstruccionista que resulta, permítame, irracional, injusta y cruel. Muy poco humanitaria, ciertamente.

¿Y qué decir de lo que sentí cuándo vimos al Diputado Pedro Núñez Morgades votar en contra de la proposición? El señor Núñez Morgades fue Defensor del Menor de la CAM. Durante su mandato le presentamos estudios, casos personales, experiencias que le hicieron abrir los ojos y lo llevaron a reclamar públicamente acciones contra la homofobia que sufren tantos chicos y chicas en las escuelas. ¿Qué imagen de la política y la democracia ofreció ayer al defender exactamente lo contrario de lo que pensaba cuando estaba en otra posición menos subordinada?

Permítame otra pregunta más: ¿a qué vinieron los aplauso tras el rechazo de la PNL? ¿Qué significan? ¿Era tan terrible que hubiera prosperado una petición de acciones contra la homofobia escolar como para desatar ese estallido de alegría? Qué poco inspirador y nada edificante espectáculo dio la Asamblea de Madrid.

Las organizaciones que habían demandado esa imprescindible, urgente, vital PNL habían pedido al PSM que hiciera los esfuerzos que fueran necesarios para pactar un texto que, aunque fuera de mínimos, visibilizara el sufrimiento de tantos y tantos adolescentes, y que reclamara medidas enfocadas a paliarlo. Encontrar un consenso, aunque muy básico, nos parecía muy valioso. Porque, les dijimos, no se trata de una cuestión de ideologías ni de triunfos políticos, sino de salvar vidas, de buscar el respeto y la dignidad para millares de menores que no tienen ni la voz ni la capacidad para pedir auxilio por ellos mismos. Hacer, en definitiva, un trabajo que gobiernos conservadores de Gran Bretaña, Irlanda o Alemania, por ejemplo, ya están haciendo

Al final, un mezquino juego político pudo más que la voz de la razón y de la humanidad. Triste lección la que aprendimos los representantes de las asociaciones LGTB allí presentes.

Nadie le quita al Gobierno de Madrid el mérito de haber montado un buen Programa de Información y Atención a Homosexuales y Transexuales (programa que, por cierto, tiene prohibido incidir en el ámbito educativo), ni de haber creado una Unidad de Trastornos de Identidad de Género, ni de algunas otras cuestiones importantes para el bienestar da la población LGTB; pero negar una realidad evidente, que cuenta con demostraciones científicas y que incluso acaba de ser avalada por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, es innecesario, desalmado y absolutamente ofensivo.

Por ello, me permito rogarle que tenga a bien leerse el informe que FELGTB acaba de hacer entrega al Defensor del Pueblo y a todas las defensorías de las comunidades autónoma demandando amparo ante la inacción de los poderes públicos. También le recomendamos el estudio “Acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio en adolescentes y jóvenes LGB”. Si tiene a bien leerlo encontrará testimonios como éstos:

“A menudo sí solía pensar que sería mejor estar muerto”.

“El peor momento fue cuando un niño del colegio (12 años), de un grupo que me estaba acosando, dijo: “Joder, cómo nos pasamos, si yo fuera él me pegaba un tiro”.

Si 653 testimonios de este calibre –insistimos, 160 de la CAM- no les hacen recapacitar, a usted y a su partido, sobre su ética política y sobre los límites que ésta no debería sobrepasar, me temo que mal futuro nos espera en la Comunidad de Madrid, especialmente para estos chicos y chicas a quienes no todo el mundo parece querer escuchar.

Atentamente,

Jesús Generelo Lanaspa, Director de la investigación “Acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio en adolescentes y jóvenes LGB” y Secretario General de la FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales).


Más información sobre la PNL, aquí.

Fuente:

http://www.felgtb.org/temas/educacion/noticias/i/3377/307/carta-abierta-a-la-diputada-del-pp-que-niega-el-acoso-escolar-lgtbfobico-en-madrid