Acoso escolar e institucional extremeño

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sábado, 18 de abril de 2015

Acoso escolar: “Lo que conviene y no conviene denunciar”

 

Vagabundo

rumorologiaUna vez más leo en los medios de comunicación el acoso escolar sufrido por  una menor, sin que, en principio, el círculo próximo de la víctima sea consciente involuntario (familia) o quiera ser “consciente voluntario” (colegio) . Como monótonos y sistemáticos indicadores se habla  de diagnósticos errados de médicos y psicólogos, a pesar de la negativa de la víctima en este caso de acudir al aula e incluso de querer cambiar de colegio; se habla de la tóxica y maligna rumorología a nivel local entre actores en colegios y luego dispersada perversamente a nivel global mediante whats app y redes sociales, que tanto veneno pueden generar; se habla de una cabecilla instigadora y del grupo de adeptos/as cómplices por omisión o comisión que ejecutan el acoso y derribo elaborado por ésta; se habla de   frecuentes faltas de asistencia al colegio de la víctima y somatizaciones extremas, sobre todo en esos temibles “lunes negros” finalmente constatadas en sesiones psiquiátricas; se habla de las nefastas consecuencias directas de ese terrorismo psicológico que, me temo, pasarán futuras facturas psicológicas; se habla de esa disimulada velada respuesta del “no sabemos nada” de los colegios por los que deambuló la chica; se habla incluso de esa miserable respuesta de algunos padres de esas malnacidas alumnas prepsicópatas, ante la denuncia de la familia.

No se habla en cambio del silencio de los colegios y de la respuesta de éstos cuando inconsistentemente pretenden esconder sus ineptitudes al  naturalizar sistemáticamente este cáncer silencioso y cobarde y resumirlo en frases tan míseramente socorridas como “es cosa de niños”. No se habla, como demasiadas veces ocurre, que el Sistema educativo se escude en el ataque cínico de un supuesto absentismo escolar cuando la víctima se ve obligada a exiliarse de los colegios e incluso la familia sea denunciada ante los Servicios Sociales, fieles colaboradores en general de estos Torquemadas institucionales. Tampoco se habla, como tan repetidamente, se hace de que, según fuentes de Educación, el fondo de la cuestión no es el temible acoso escolar o bullying, sino una supuesta problemática en el seno familiar, que curiosamente será divulgada por el entorno local. Y es que, por lo que se cuenta en la noticia, el colegio o colegios no fue/ron denunciado/s por omisión del deber de protección y auxilio a la víctima; incluso, por qué no decirlo, por complicidad pasiva o activa con quienes hostigaban a la chica.

Llama la atención la frecuente dispersión y ninguneo de indicadores tan comunes en estos procesos típicos de acoso ante supuestos entendidos: psicólogos, especialistas médicos e incluso Inspección educativa que, por lo que da a entender la noticia siguiente, no tuvieron la menor sospecha… ¿o debería decir la incómoda previsión y celo en penosas realidades como estas?. Pero eso, por mi experiencia y porque es una realidad frecuentemente constatada y desgraciadamente moneda corriente en nuestro cínico “estado social y democrático de derecho”, tampoco lo llevan a rajatabla instituciones tan mermadas y medradas como el propio Poder Judicial y relacionados.

La conclusión es contundente y doliente: Hay cosas que conviene denunciary otras callar, no vaya a ser que nos “excomulguen” Triste

 

La noticia es la siguiente ( Fuente, http://www.abc.es/espana/20150413/abci-nina-sufrimiento-madre-201504122059.html )

 

«No puedo poner precio al dolor de mi hija, acosada tres años»

ABC - Cruz Morcillo

La menor a la que arrancaron el cabello en Linares no ha vuelto a asistir a clase

Una foto de un abudante mechón de cabello metido en una bolsa de pañuelos de papel. Un mensaje llamándola «zorra de mierda», «más vale que te calles», insultos soeces y amenazas explícitas. «¿Son tus pelos? Puajajajaja». Claudia, 16 años, nombre supuesto, era la receptora; el pelo, también era el suyo. Se lo habían arrancado un grupo de compañeras de clase la tarde anterior tras citarla en una céntrica plaza de su ciudad, Linares (Jaén). Ella, ingenua, acostumbrada a que la acosaran, insultaran y humillaran creía que querían pedirle perdón porque incluso había tenido que abandonar su instituto dos meses antes. Era un paso más en un camino de miedo, agresividad y verdugos sentados en el pupitre de al lado que había comenzado tres años atrás y que desconocían sus padres y el colegio.

«No he visto tanta crueldad y tal falta de escrúpulos en esas edades», asegura uno de los agentes de la comisaría de Policía Nacional de Linares, encargado de tomar declaración a las dos detenidas, también de 16 años. Cuando a una de ellas le preguntaron por qué lo habían hecho respondió con la mayor tranquilidad: «Por diversión». Al pedirle los nombres de otras chicas a las que había acorralado fue aún más allá»: «No voy a contestar a esa pregunta». Frialdad absoluta.

Marcadores tumorales

Los hechos ocurrieron el viernes 13 de febrero. Claudia llamó a su madre, le contó lo que había ocurrido, tenía las marcas en el cuero cabelludo, acudieron a comisaría y al centro médico. El lunes denunciaron los hechos: a tres adolescentes con nombres y apellidos. Los agentes detuvieron a una de ellas, como supuesta agresora, y a la líder del grupo quien no estaba presente pero era la instigadora del hostigamiento de años tanto a Claudia como a otras víctimas. Todas ellas declararon haber sufrido burlas, desprecios y vejaciones por parte de la cabecilla y sus amigas. «Una marcaba los objetivos y las demás lo ejecutaban», señalan fuentes policiales.

El fin de semana del 14 y 15 fue terrible. «Algunos sabían que habíamos ido a comisaría. A mi hija le llegaron cientos de mensajes por whatsApp, por facebook, por todas partes, de gente a la que ni conocía con todo tipo de insultos y amenazas. Algún padre me ha llamado para que retire la denuncia porque lo están pasando muy mal. Pero cómo estamos nosotros», relata a ABC Lola, nombre supuesto de la madre de Claudia.

Ella y su familia se han visto desbordados en los dos últimos años. Claudia, una niña guapa y cariñosa, empezó a cambiar hace casi tres, poco después de empezar la ESO en el instituto público «Huarte de San Juan», el más antiguo de Linares. Madre e hija han peregrinado por médicos y más médicos. La adolescente perdió 5 kilos en dos semanas, vomitaba, se le bajaba el azúcar, le dolía el pecho... Le hicieron curvas de glucemia, pruebas de estómago y hasta marcadores tumorales. Sin diagnóstico. Un psicólogo creyó apreciar anorexia, pero tampoco era eso. Faltaba con frecuencia al instituto. Cada lunes se ponía enferma. Sus padres contrataron a una profesora particular pero aun así repitió segundo. Pedía con frecuencia cambiar de colegio, aunque jamás contó en su casa cuál era la verdadera razón: que le estaban haciendo la vida imposible y ella había llegado a culpabilizarse, como tantas víctimas.

En diciembre, las acosadoras eligieron a una chica que les hizo frente. Acabaron a trompicones. A una tía de Claudia le contaron de forma casual lo ocurrido. «Anda que no lleva tiempo tu sobrina aguantando y sufriéndolas», le dijo esta persona. «Mi hermana me llamó al instante. Ya sé lo que le pasa a la niña. No esperé. En plenas vacaciones de Navidad la cambié de instituto, ni siquiera hablé con los profesores, aunque yo creo que saben quiénes son», explica Lola.

Cómplices en otro centro

Pero cuando creían que todo empezaba a arreglarse apareció de nuevo el azar. Una prima y una amiga de la cabecilla del otro centro la esperaban en el nuevo. Y ocurrió la agresión de febrero. Claudia no ha ido más de 15 días seguidos a clase en este curso (tercero), que sus padres ya dan por perdido. No ha vuelto a clase. No quiere ni encontrarse de frente con las acosadoras ni que le pregunten por lo ocurrido. Desde febrero la adolescente está en tratamiento psiquiátrico. «Ella es el centro de la casa. Si está bien y contenta, todos los estamos; si está mal, lo mismo», asume su madre con resignación.

Ahora la familia solo piensa en que Claudia, a punto de cumplir 17 años, se recupere y pase página. En unos días la evaluará el forense. Las familias de las detenidas quieren un acuerdo extrajudicial, que se pacte una indemnización. Lola se niega: «No puedo poner precio al dolor de mi hija. A lo que ha sufrido y lo que le queda».

lunes, 23 de marzo de 2015

Condenadas siete chicas por hacer bullying a una compañera de clase

 

bull004La víctima, de 13 años, sufrió durante un curso y medio toda clase de insultos, agresiones e incluso amenazas de muerte, hasta el punto de que llegó a intentar suicidarse

Àngel Juanpere

Siete jóvenes –que actualmente tienen entre 16 y 18 años– han sido condenadas por hacer bullying a una compañera de colegio, hechos ocurridos durante el curso escolar 2012-2013 y parte del 2014, según la sentencia emitida por el Juzgado de Menores de Tarragona. Este caso –que el propio magistrado considera como muy grave– es de los pocos que llegan a juicio. La mayoría se resuelve con la mediación dentro del propio centro escolar o bien en la Fiscalía de Menores.

La sentencia de las siete procesadas considera probado que actuaron de común acuerdo y con evidente ánimo de menospreciar, humillar y menoscabar la integridad moral de (...), de 13 años». Para ello, durante el curso 2012-2013 y también parte del 2014 vinieron acosando a la víctima de forma habitual con expresiones como «gorda», «ano», «desgraciada», «superdotada», siempre en tono despectivo. También amenazaron con matarla, tanto a ella como a su madre.

Mensaje en la pizarra

El 14 de octubre de 2014, una de las acusadas escribió en la pizarra del aula la palabra «ano». Como ello molestó a la víctima, la agresora le tiró del cabello, la cogió del cuello y la empujó, cayendo al suelo y causándole una contractura cervical. En otra ocasión, hallándose otra acusada en el polideportivo, le propinó una bofetada a la víctima, que sufre epilepsia desde los diez años.

Para el magistrado, el trato denigrante físico y psicológico ejercido por las acusadas «ha ido menoscabando su integridad psicológica y moral hasta el punto de agravar el estado de salud de la víctima, presentando una sintomatología ansioso-depresiva y gesto autolítico, precisando su ingreso en el hospital por su grave repercusión emocional, presentando tristeza, irritabilidad, ira, miedo, apatía, bulimia, aislamiento y absentismo escolar», entre otras patologías. Dicha situación persiste en la actualidad, subraya el magistrado, «siendo diagnosticado todo ello como trastorno de estrés post-traumático» por el hospital en fecha 15 de enero de 2014.

Según la estimación del médico forense en su informe del 20 de mayo del año pasado, el tiempo de curación o estabilización del mencionado trastorno es de 167 días. Por otro lado, señala la sentencia, el 8 de mayo de 2014, al tener conocimiento de la denuncia interpuesta por la víctima, una de las acusadas la amenazó con colgarla de un balcón y matarla. De las siete acusadas, sólo una sigue en el mismo instituto, mientras que las otras estudian algún ciclo formativo.

La pena del fiscal

La fiscal solicitó para las siete acusadas la medida de ocho fines de semana de permanencia en sus respectivos domicilios. Las acusaba de un delito contra la integridad moral. A una de ellas, también de obstrucción a la justicia. Además, se solicitaba el pago de una indemnización de 5.010 euros. En cambio, la defensa solicitaba la absolución.

El caso llegó a juicio porque durante la instrucción en la Fiscalía la mediación no dio sus frutos. Las acusadas siempre han negado que sometieran a la víctima a bullying; aseguraban que fueron hechos puntuales.

Las declaraciones tanto de la víctima como de su madre fueron persistentes a lo largo de la instrucción y también el día del juicio. La mujer declaró que algunas de las acusadas, cuando se cruzaban, también se metían con ella. Además, declaró que su hija le iba explicando todo lo que le iban haciendo las procesadas.

Para el titular del Juzgado de Menores de Tarragona, los testimonios que declararon en el juicio «son prueba de cargo suficiente para desvirtuar la presunción de inocencia que ampara a las menores». Explica que los testigos depusieron «con claridad y evidencia» los hechos relatados, sin que conste la existencia de ninguna relación previa entre ellos y las menores que permita dudar de su credibilidad. Las víctimas no sólo ratificaron en el juicio la denuncia, sino que expusieron un relato de hechos uniforme y sin fisuras.

La reiteración de conductas degradantes para la víctima y que le han causado padecimientos fue expuesta por ella misma, recuerda el magistrado. La adolescente enumeró los diferentes insultos y vejaciones de las que era objeto desde el año 2013 por parte de todas las acusadas, entre otras «gorda», «foca», la amenazaban a ella y a su madre, pues estos insultos y amenazas se producían también fuera del instituto. Asimismo, la madre de la víctima manifestó que esta situación se daba desde junio de 2013, habiendo cesado después de la denuncia. La conducta de todas las menores acusadas, según dijo expresamente respondiendo a las preguntas que se le formularon, consistía en que continuamente se reían de su hija, la miraban y sonreían, la increpaban, la insultaban y hasta le pegaron en una ocasión. Afirmó que esto lo sabía porque se lo contaba su hija y porque ella misma lo presenció, además de sufrir esa situación en persona, pues también con ella se metían. Su hija tuvo necesidad de tratamiento médico como consecuencia de ese acoso, incluso el ingreso psiquiátrico durante un tiempo, pues le bajó la autoestima, estaba insegura y tenía miedo, hasta el punto de intentos autolíticos como se desprende de los informes médicos.

Durante el juicio declaró el profesor –y secretario del centro educativo– que daba clases a la víctima. Aseguró que la vio entristecida y llorando. Esta alumna dejó de asistir a clase por la presión que sufría, siendo conocedor este profesor de que había problemas dentro y fuera del instituto porque era miembro del equipo directivo del centro. Otro miembro del equipo declaró que sabía que hubo insultos y cosas en octubre de 2013 y que el tema se trató con los profesores y tutores. Llamaron a las niñas y a los padres para poner remedio a la situación, pues era prolongada en el tiempo. Asimismo, dicho profesor reconoce que la víctima faltó a clase por cuestión de salud.

Poca pena

En la sentencia, el magistrado acepta la medida –pena, en el caso de adultos– que había solicitado el fiscal. Sin embargo, considera que la medida impuesta es muy corta en relación al delito cometido, que exige maldad de corazón de la persona que lo comete «y carencia de empatía y que es necesario, por tanto, una intervención educativa mucho mayor. La gravedad del delito así lo exige y máxime teniendo en cuenta que la presión que ejercieron las menores enjuiciadas sobre la víctima fue muy potente, hasta el punto de llevarla a un intento de suicidio». Para este tipo de delito, la pena máxima sería de internamiento de dos años en régimen semiabierto, que implica poder aprovecharse de algunos recursos, como salir al exterior del centro con acompañamiento.

Además de quedarse en casa, las menores condenadas tienen la obligación de realizar tareas educativas, las que les encarguen los educadores, como por ejemplo un trabajo sobre la empatía o el sufrimiento.

Hablar con los padres

Para el magistrado que está al frente del Juzgado de Menores de Tarragona –con ámbito provincial–, Jesús María del Cacho, lo principal en el caso de acoso escolar es que las víctimas puedan hablar con sus padres y, en el caso de no ser posible, con otras personas adultas con las que tengan muy buena relación. Le servirá de autoayuda y para subir la autoestima. «Lo que no puede hacer el joven o adolescente es responder de la misma manera. Tiene que confiar en los adultos y saber que estos pondrán de su parte para solucionar el problema», asegura el juez.

Sea quien sea el adulto, tiene que poner el caso en conocimiento del profesorado para que lo resuelvan, haciendo uso de los mediadores escolares que todo colegio tiene que tener –puede ser un psicólogo o bien un profesor preparado–. Del Cacho tiene constancia de que la figura de este mediador funciona mucho mejor en los centros públicos que en los privados o concertados. Estos últimos suelen intentar camuflar o enmascarar el problema para que no salpique la reputación del colegio. Finalmente, si la situación no se resuelve en el colegio, la víctima tiene que denunciar ante la Fiscalía.

Fuente:

http://www.diaridetarragona.com/

sábado, 14 de marzo de 2015

Algunas notas sobre el bullying o acoso escolar

 

Bullying escolar

bull

En el actual contexto educativo padres de familia, estudiantes, docentes, medios de comunicación y amplios sectores de la sociedad, manifiestan su preocupación ante el problema de la violencia escolar, fenómeno social que ha venido en aumento en los últimos años.

Creemos que no debemos obviar este tema en el momento actual ya que ocupa y preocupa mucho a quienes comparten contextos escolares y creen que este es un sitio idóneo desde donde enseñar a convivir a nuestros niños y jóvenes, a pesar de que no siempre es un contexto fácil para hacerlo.

Las formas de violencia tienen lugar en los espacios de la escuela o cercanos, tales como los pasillos, las aulas, el comedor, los baños, el gimnasio y los alrededores –calles o esquinas – de la institución con evidentes conductas de maltrato, intimidación, agresión verbal o física entre los mismos niños y jóvenes.

EL BULLYING….es

El acoso entre escolares, internacionalmente denominada “ bullying”, (Lowenstein, 1977; Olweus, 1978;), es una conducta de persecución e intimidación física y/o psicológica que realiza un alumno contra otro, al que escoge como víctima de repetidos ataques.  Un rasgo específico de estas relaciones es que el alumno agresor trata de forma tiránica a un compañero, al que hostiga, oprime y atemoriza repetidamente, hasta convertirlo en su víctima habitual. Los agresores o bullies suelen actuar movidos por el deseo de poder, de intimidar, dominar, aunque en ocasiones reconocen estar motivados por simple diversión o pasatiempo.

Se trata de un episodio persistente que puede durar semanas, meses e incluso años. Esta acción negativa o intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente pueda escapar por sus propios medios. La continuidad de estas relaciones provocan en las víctimas efectos claramente negativos: ansiedad, descenso de la autoestima, cuadros depresivos y hasta concomitantes físicos que dificultan su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes (Olweus, 1983).

dibujo 19

Dado su carácter encubierto, a veces oculto para los docentes, se dificulta su detección temprana y además se acompaña del rechazo o negativa de otros alumnos el comentar esos sucesos con los docentes.

Si bien hoy han aumentado las investigaciones y estudios acerca de este tema, existe escaso conocimiento y muy escasa o casi ninguna reflexión escolar acerca de cómo afrontarlo en las escuelas. No hay políticas públicas que exijan a los colegios, un programa anti-bullying, como existen en otros países; es decir, un conjunto de medidas concretas que apunten a prevenir las acciones de intimidación, de agresión o violencia entre estudiantes y atender y realizar seguimientos de aquellos casos que lo requieran..

ALGUNOS INDICADORES PARA LA DETECCIÓN DEL BULLYING:

  • El clima de tensión permanente. Una de las señales de que en un grupo se está viviendo una situación de bullying es, o bien la tensión permanente que se vive en clase (acorde a la frecuencia de actitudes disruptivas), o bien lo que se conoce como calma tensa donde en un ambiente de aparente cordialidad se ve explícitamente cómo unos alumnos se ríen, se burlan o molestan a otro que cada vez intenta ocupar un menor espacio en la clase o en el patio, o que queda rezagado cuando se forman los grupos. La tensión suele explotar en el grupo por nimiedades y aumenta a medida que el día avanza. Es en este medio hostil cuando algunos docentes, prefieren hacer como si no pasara nada.
  • Alumnos que están frecuentemente implicados en los conflictos: Otra señal a tener en cuenta son los alumnos que se involucran a menudo en disputas, aunque el verdadero acosador no siempre es visible. Algunas veces se camufla en medio de un grupo de cuatro o cinco que se comportan como verdaderos matones, sin disimulos. En otros casos, el acosador aparece ante la mirada del docente como amigo de la víctima y la propia víctima llega por momentos a creerlo así. El doble juego del cabecilla puede hacer incluso que sus compañeros lo tengan bien considerado debido a que todo el grupo está convencido de que la víctima es dañada o molestada porque se lo merece. Este convencimiento grupal puede llevar a un acosador a mantener su estatus durante varios años, por lo que es indicado aplicar estrategias para determinar que es él y no otro el violento. En ocasiones, puede ser interesante hacer un seguimiento de quiénes son los que lo están implicados sólo de vez en cuando, pero que se mantienen a lo largo del tiempo.
  • Las ausencias reiteradas de la escuela. Cuando hay casos de bullying en las escuelas, es común que los alumnos acosados falten a clase. El control de las ausencias es muy importante para saber si en el aula hay situaciones de agresión permanente. La fobia a ir a clase y la necesidad de evitar la marginación o de hacer el ridículo frente a los compañeros son sólo algunas de las razones que llevan a un alumno a ausentarse del colegio. Pero estas ausencias no son los únicos detalles visibles, también hay cambios de humor, de conducta, un mayor nerviosismo y enfermedades fingidas.
  • ¿Qué espacios ocupan los alumnos en clase y en el recreo? Los chicos excluidos suelen estar  cerca de las esquinas del patio; en lugares apartados de los acosadores o en el primer banco en clase y suelen salir últimos o primeros cuando acaba la jornada. Es como si intentaran ocupar poco espacio, “pasar desapercibidos”

EL ROL DEL DOCENTE:

Es importante motivar a los docentes a que se sumen a una campaña para prevenir, atender y erradicar el bullying en las escuelas, puesto que este fenómeno crea un clima de temor y desconfianza que impacta directamente en los aprendizajes de los alumnos. Repetimos que no exclusivamente es el docente el único que debe preocuparse de esta situación, también los directivos, los alumnos, los padres, en fin, toda la comunidad educativa.

Sin embargo, al docente le corresponde un rol preferencial en prevenir y atender el bullying en el aula. Se debe considerar que, según estudios realizados, la mayoría de los estudiantes que son maltratados por uno de sus compañeros de curso declaran que, la casi totalidad de las amenazas se realizan dentro de las aulas. El bullying es un fenómeno que nos habla de intolerancia, discriminación, negación de la diversidad,  prejuicios, estereotipos, y altera seriamente el  clima escolar y áulico

La función del docente consistirá siempre y particularmente en estas situaciones , en enseñar a los estudiantes, técnicas de resolución de conflictos, asertividad y técnicas de habilidades sociales cuyo objetivo central será:

1) Mejorar la comunicación entre todos los miembros del grupo y con otros grupos/cursos.

2) Brindar técnicas de solución pacífica de los conflictos, a través del análisis de los problemas y la valoración de las mejores soluciones, sin emplear la violencia.

3) Permitir la expresión de cualquier evento grave en las relaciones entre los alumnos (ej: situaciones de acoso, intimidaciones, etc.).

4) Identificar a los presuntos responsables o autores de tales actos, y diseñar estrategias específicas y efectivas para anular su influencia negativa sobre el grupo de alumnos.

Extracto del libro “Nuevas familias, nuevos alumnos, nuevas escuelas” escrito por Silvia Baeza y Andrea Bertrán.

Publicado por Editorial Proyecto Cepa en 2013.

Fuente:

http://www.proyectocepa.com/wordpress/blog/

martes, 10 de marzo de 2015

La historia interminable: otro nuevo caso de bullying o acoso escolar

 

clase vaciaOtro caso de acoso escolar

Antonio Cervero Fernández-Castañón. Maestro, pedagogo y psicólogo

Parece ser, como señala este diario, que tiempo después del triste suceso ocurrido en el colegio Santo Ángel de Gijón se ha producido un nuevo caso de acoso escolar en Asturias, ahora a una niña de 11 años de un centro público de Oviedo.

Es obvio que el acoso escolar es un problema en el que influyen múltiples variables que van desde las personales y psicológicas, hasta las escolares y sociales, y que por tanto una intervención adecuada debe abarcar todas ellas, con la consecuente implicación de alumnos, familias, centro y Servicios Sociales. Pero no es menos cierto que, en ocasiones, la labor de las instituciones educativas parece más encaminada a deshacerse del problema que a atajarlo de forma eficaz.

Así, no es extraño ver casos en consulta donde la minimización y el ocultamiento por parte de los centros escolares, en ocasiones por desconocimiento y en ocasiones por las negativas consecuencias publicitarias que acarrearía para éste que tal situación trascendiese, parecen primar sobre el intento de resolución del problema en la propia institución.

Y no deja de ser curioso que en este caso se haya producido de nuevo la que suele ser la típica solución estándar en procesos semejantes, el cambio de centro de la víctima, una nefasta estrategia que supone la culpabilización de ésta (se envía el mensaje de que el problema está en ella), y un nuevo triunfo de los acosadores, que ya se encargarán de difundir su hazaña al nuevo centro donde se escolarice, lo que puede propiciar el reinicio del ciclo de acoso.

Desgraciadamente, ésta parece ser la maniobra más asequible y habitual ante las complicaciones y costes (no sólo materiales, también organizativos) que puede originar el poner en marcha una estrategia global contra el acoso en un centro, más allá de las obligadas explicitaciones burocráticas en forma del plan de convivencia que se incluye en el reglamento de régimen interno, y que no suele pasar de ser simple papel mojado para cumplir con la Administración.

Es vergonzoso que sea necesario recordar que un centro tiene que garantizar en sus instalaciones, en primer lugar porque está obligado por ley, la seguridad de los alumnos y que debe velar por que las condiciones sean las más adecuadas para llevar a cabo las tareas de enseñanza-aprendizaje. Y es más vergonzoso aún que los padres tengan que comenzar un vía crucis legal y administrativo para algo tan básico como garantizar la seguridad de sus hijos mientras la Administración sigue limitándose a avalar la estrategia de derivar el problema, desentendiéndose del mismo.

Fuente:

http://www.lne.es/asturias/

lunes, 23 de febrero de 2015

«Que el suicidio de mi hija sirva para que el bullying sea delito, no una simple falta»

 

madre CarlaCarlota Fominaya

Monserrat Magnien, madre de Carla, pide también que los profesores sepan detectar el acoso escolar

Fotografía: Mario Rojas

El dolor por la pérdida de su hija, que se suicidó tirándose por un acantilado al no poder soportar ser víctima del acoso de sus compañeros de clase, le hace arrastrar las palabras. Pero no le quita un ápice de claridad. «El acoso escolar debe ser reconocido como delito por la ley, y no se puede quedar en una simple falta». Su petición llega tras conocerse la pena impuesta a las dos únicas chicas imputables por el bullying que sufrió la niña, a su juicio, «irrisoria, dadas las circunstancias y el resultado de sus acciones: tareas psicosociales durante cinco meses. La tercera en discordia era menor de 14 años, pero si son menores para este tipo de acciones, son menores para todo».

Su segundo objetivo es que el suicidio de su hija sirva para que se obligue a «los profesores a estar capacitados y preparados para detectar estas cosas», y que «los centros escolares no miren para otro lado». «Hay una cosa clara —relata—, y es que en el caso de nuestra hija, lo sabían. Porque no fue un episodio ni dos. Ella se quejó al centro y no le hicieron caso. Cuando un profesor sabe perfectamente las dinámicas que se suceden en su clase, y si un pequeño no sale al recreo a jugar, o está triste y llora en el baño». La realidad es, piensa Magnien, que «unos se dan cuenta y otros no lo quieren ver. Es como si reconocer que un centro escolar tiene este tipo de problema le desprestigia. Cuando yo creo que es al revés, les daría más prestigio. Tú cuando eliges un colegio crees que tu hijo estará protegido, cuidado... dado que no es un número, sino una persona. No son cosas de niños».

Fuente:

http://www.abc.es/familia-padres-hijos/padres-hijos.asp

sábado, 21 de febrero de 2015

Plan Nacional para frenar el acoso escolar

 

Piden un Plan Nacional para frenar el acoso escolar

m. j. pérez-barco/Carlota fominaya

Las asociaciones denuncian que falta formación y concienciación sobre el bullying en los colegios, pues miran para otro lado cuando se detecta un caso

Piden un Plan Nacional para frenar el acoso escolar

Isabel Permuy

Uno de cada cuatro escolares de 8 a 18 años confiesa haber sufrido violencia y acoso escolar

No basta con los Planes de Convivencia de los centros escolares promovidos por la Consejería de Educación de cada comunidad autónoma, ni con haber diseñado a nivel regional protocolos de actuación contra el bullying (acoso escolar) y el ciberbullying para atajar este grave problema que se extiende por los colegios e institutos del país. Hay que ir más allá.Por eso, ya se alzan voces pidiendo que se ponga en marcha un Plan Nacional contra el Acoso y la Violencia Escolar, similar al Plan Nacional sobre Drogas o al Plan Integral contra la Violencia de Género.

El bullying se ha convertido en un verdadero peligro, cuyas secuelas tienen la misma magnitud que las drogas o que el monstruo de mil cabezas de la violencia machista. Y la gran mayoría de las veces pasa desapercibido, entre otros motivos porque muchos centros educativos todavía consideran que el acoso escolar «es cosas de niños», según explican diferentes asociaciones consultadas por ABC. «Hay colegios que han empezado a concienciarse y se han dado cuenta de que tienen un problema y quieren atajarlo. Pero la gran mayoría de los centros mira hacia otro lado, dicen que es cosa de niños y que no pasa nada. Conocemos profesores que incluso han querido frenar un caso de acoso y la dirección del centro no les ha dejado. Tenemos casos de madres que han enviado informes médicos de lesiones y el director ha dicho que la víctima exagera», sostiene María José Fernández, presidenta de la Asociación Madrileña contra el Acoso Escolar (Amacae).

Falta formación

¿Falta concienciación, formación, sensibilización... en la comunidad educativa? ¿Es que los colegios no quieren complicarse la vida? De todo un poco, como sostiene el presidente de la Asociación Nacional para la Prevención del Acoso Escolar, Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva. «La formación brilla por su ausencia y falta concienciación», mantiene. «Los centros siempre dicen que tienen un protocolo bueno y que lo aplican, sin embargo los colegios cuando investigan si es un caso de acoso lo hacen como les da la gana. Muchos centros privados y concertados obvian el problema y los públicos cuando investigan justifican lo que ocurre en favor del cole. Por eso, es necesario un Plan Nacional para combatirlo».

Los planes de actuación autonómicos que indican la mejor manera de proceder en estos casos «son más bien una guía —considera la Asociación PostBullying—. Un Plan Nacional va más allá, con estudios, estadísticas, guías específicas de actuación y actualizaciones informativas que beneficiarían a la infancia».

Uno de cada cuatro niños es víctima de violencia y acoso escolar

Desde luego, en las aulas españolas el bullying es una realidad, aunque haya quien mire para otro lado, como demostró la investigación más exhaustiva que se ha realizado en España sobre este asunto y a la que todos los expertos remiten. Se trata del estudio Cisneros X «Violencia y Acoso escolar» de 2006, que encuestó a 24.990 alumnos entre 8 y 18 años, y reveló que uno de cada cuatro niños es víctima de violencia y acoso escolar.

«Pero hay centros que siguen restando importancia al bullying, otros en los que un profesor ha tenido que luchar contra su equipo directivo para intervenir en un caso de acoso, centros donde parecen muy receptivos de palabra y en la práctica silencian situaciones muy preocupantes. Falta formación y sensibilización. La mayoría de los casos de bullying empiezan en Infantil y se prolongan hasta Secundaria, por lo que un Plan Nacional no es suficiente. Esto es un delito, que si se comete con menos de 14 años queda impune. Hace falta una legislación que proteja a la víctima frente al agresor, aunque éste sea menor de 14 años», denuncia la Asociación Postbullying.

La familia y el profesorado

Las familias tampoco se quedan atrás en su trozo de pastel de culpa. «Muchas no colaboran», corrobora Rosario del Rey, responsable del proyecto europeo School Safety Net y del proyecto I+D de Excelencia «Sexting, ciberbullying y riesgos emergentes en la Red: claves para su comprensión y respuesta educativa». Para ella, muchas son las que de forma casi automática cambian de centro a la víctima, en un intento vano de romper el vínculo. «Vano, porque además, ahí están las redes sociales para seguir haciendo daño», apunta Del Rey.

La realidad, continua esta experta, es que para llegar a este punto han debido fallar muchas cosas antes. Y en todo caso, recalca, «el que debería cambiar de colegio es el agresor. Pero cuando se le dice a los padres que colaboren con el colegio, se sienten culpables, y piensan que les estás llamando malos padres. Siempre tienden a proteger a su hijo, porque lo sienten como una manifestación de su proyecto vital».

Defensa de los acosadores

Esto también lo ha comprobado el profesor de Educación Física y coordinador de Convivencia y Disciplina del Colegio Buen Consejo (Madrid) Carlos Hidalgo, para quien uno de los mayores problemas del bullying es la defensa a ultranza que hacen los padres de los hijos acosadores, actuando siempre a la defensiva, y el poco control que ejercen en casa de lo que hacen los niños en las redes, a lo que él añade una sensación de cierta impunidad que tienen menores de 14 años. Pero los colegios, concluye, «estamos muy preocupados por este asunto, que es más habitual de lo que se piensa y muy complicado de identificar. Nuestro objetivo es trabajar por la identificación y también por la prevención y la mediación».

Padres y profesores pueden ser sancionados

El bullying es una muy falta grave en los protocolos de actuación contra el acoso escolar de la comunidades autónomas. Conlleva una sanción de varios de expulsión del colegio. Como tal el acoso escolar no está tipificado en la ley, pero sí acciones como las amenazas, calumnias, injurias, lesiones... Si el niño que lo comete es menor de 14 años no tiene responsabilidad penal y no puede ser juzgado. Sin embargo, sí responden civilmente los padres y tutores del colegio que pueden ser sancionados económicamente por los daños y perjuicios causados. Entre 14 y 15 años los chicos tienen responsabilidad penal atenuada (cumplen la pena en un grado inferior). Y entre 16 y 17 años son responsables penalmente, según la Ley del Menor: pueden ser internados en centros de menores, o se les prohíbe ir a ciertos lugares, o incluso estar en libertad vigilada.

Fuente:

http://www.abc.es/familia-educacion/educacion.asp

martes, 27 de enero de 2015

Malnacidas (Esas jóvenes, y no tan jóvenes, hijas de puta)

 

suicidio2

Manuel Rodríguez G. Rodríguez G.

Acabo de encontrarme con un artículo del excelente escritor Arturo Pérez-Reverte, donde como viene siendo costumbre – atípica sana costumbre en un nada apocado pensante insumiso de nuestra lánguida libertad pseudodemocrática-  califica a cada quien con su referencia más precisa: en este caso como HIJAS/OS DE PUTA.

Uno no es tan valiente, ni tan directo a la hora de nombrar a cierta gentuza, como lo hace tan maravillosamente mi apreciado Pérez-Reverte. Aunque cientos de veces he recordado a esas HIJAS/OS DE PUTA, sólo las he referenciado como MALNACIDAS/OS porque se dice por aquí por este territorio de demasiados cobardes donde malvivo, que pudiera ser que pudiera que sus madres fueran hasta buenas personas, hasta “santas”, pero no por ellos sus hijas/os dejan de ser verdaderas HIJAS/OS DE PUTA. Personalmente he podido constatar en no pocas ocasiones que su condición le vienen a muchas/os de casta; es decir ellas/os y sus madres son unas verdaderas HIJAS/OS DE PUTA, aunque no por ello debo llamarlas a ellas y a sus madres con esa “pertenencia”, sino apocadamente solo MALNACIDAS porque insisto, pudiera ser que pudiera que  sus abuelas o madres de sus madres fueran hasta buenas personas, hasta “santas”…

Me temo que seguiré encontrándome demasiado tiempo y demasiadas veces en este pueblo mío con las/os MALNACIDAS/OS, que putearon y putean a mi hija; con esas HIJAS/OS de PUTAS a los que sólo los llamo así cuando los miro y les acuso con una inmensa mirada de desprecio por el enorme daño que nos hicieron; por supuesto a esas alimañas y a quienes permitieron que un minante acoso y derribo se diera contra nosotros.

Especial mención y recuerdo en estos días a una HIJA DE PUTA; perdón quise decir MALNACIDA, a la que Don Dinero en su momento a través de “papaito”, la colocó en la poltrona de máxima responsable de un centro dependiente de una Caja de Ahorros de todos conocida, para que la “princesita” dirigiera un colegio de alumnado con muy graves problemas  y a los que – me contaron autoridades – no dudó en esconder y silenciar muy graves sucesos entre ellos. Por supuesto la zafia HIJA DE PUTA, - disculpas al lector – sólo  lo decía de pensamiento, ya que solo quería escribir MALNACIDA;  por supuesto como decía, la muy harpía no dudó en defender su “ética y profesionalidad” atacando a víctima y familia y, cómo no, apoyándose en bulos y rumorologías que en su día se habían construido con gente tan HIJA DE PUTA,  como esta MALNACIDA…

Quienes se sientan ofendidos o sencillamente crean inoportunos, soeces y poco correctas ciertas expresiones calificadoras les invito a empatizar con la madre de Carla -principal víctima viva de este estado imperante nuestro- Su hija ya no está con nosotros.

A quienes,  (como yo, mi hija y mi familia) habéis sufrido este terrorismo psico-social no hace falta comentaros nada. Desgraciadamente sabéis de qué hablamos Triste

Os dejo con el crudo, pero interesante, honesto y valiente escrito de Pérez-Reverte

 

Esas jóvenes hijas de puta

Arturo Pérez-Reverte

http://www.finanzas.com/xl-semanal/firmas/arturo-perez-reverte/index.html

Supongo que a muchos se les habrá olvidado ya, si es que se enteraron. Por eso voy a hacer de aguafiestas, y recordarlo. Entre otras cosas, y más a menudo que muchas, el ser humano es cruel y es cobarde. Pero, por razones de conveniencia, tiene memoria flaca y sólo se acuerda de su propia crueldad y su cobardía cuando le interesa. Quizá debido a eso, la palabra remordimiento es de las menos complacientes que el hombre conoce, cuando la conoce. De las menos compatibles con su egoísmo y su bajeza moral. Por eso es la que menos consulta en el diccionario. La que menos utiliza. La que menos pronuncia.

Hace dos años, Carla Díaz Magnien, una adolescente desesperada, acosada de manera infame por dos compañeras de clase, se suicidó tirándose por un acantilado en Gijón. Y hace ahora unas semanas, un juez condenó a las dos acosadoras a la estúpida pena -no por estupidez del juez, que ahí no me meto, sino de las leyes vigentes en este disparatado país- de cuatro meses de trabajos socioeducativos. Ésas son todas las plumas que ambas pájaras dejan en este episodio. Detrás, una chica muerta, una familia destrozada, una madre enloquecida por el dolor y la injusticia, y unos vecinos, colegio y sociedad que, como de costumbre, tras las condolencias de oficio, dejan atrás el asunto y siguen tranquilos su vida.

Pero hagan el favor. Vuelvan ustedes atrás y piensen. Imaginen. Una chiquilla de catorce años, antipática para algunas compañeras, a la que insultaban a diario utilizando su estrabismo -«Carla, topacio, un ojo para acá y otro para el espacio»-, a la que alguna vez obligaron a refugiarse en los baños para escapar de agresiones, a la que llamaban bollera, a la que amenazaban con esa falta de piedad que ciertos hijos e hijas de la grandísima puta, a la espera de madurar en esplendorosos adultos, desarrollan ya desde bien jovencitos. Desde niños. Que se lo pregunten, si no, a los miles de homosexuales que todavía, pese al buen rollo que todos tenemos ahora, o decimos tener, aún sufren desprecio y acoso en el colegio. O a los gorditos, a los torpes, a los tímidos, a los cuatro ojos que no tienen los medios o la entereza de hacerse respetar a hostia limpia. Y a eso, claro, a la crueldad de las que oficiaron de verdugos, añadamos la actitud miserable del resto: la cobardía, el lavarse las manos. La indiferencia de los compañeros de clase, testigos del acoso pero dejando -anuncio de los muy miserables ciudadanos que serán en el futuro- que las cosas siguieran su curso. El silencio de los borregos, o las borregas, que nunca consideran la tragedia asunto suyo, a menos que les toque a ellos. Y el colegio, claro. Esos dignos profesores, resultado directo de la sociedad disparatada en la que vivimos, cuya escarmentada vocación consiste en pasar inadvertidos, no meterse en problemas con los padres y cobrar a fin de mes. Los que vieron lo que ocurría y miraron a otro lado, argumentando lo de siempre: «Son cosas de crías». Líos de niñas. Y mientras, Carla, pidiendo a su hermana mayor que la acompañara a la puerta del colegio. La pobre. Para protegerla.

Faltaba, claro, el Gólgota de las redes sociales. El territorio donde toda vileza, toda ruindad, tiene su asiento impune. Allí, la crucifixión de Carla fue completa. Insultos, calumnias, coro de divertidos tuiteros que, como tiburones, acudieron al olor de la sangre. Más bromas, más mofas. Más ojos bizcos, más bollera. Y los que sabían, y los que no saben, que son la mayor parte, pero se lo pasan de cine con la masacre, riendo a costa del asunto. La habitual risa de las ratas. Hasta que, incapaz de soportarlo, con el mundo encima, tal como puede caerte cuando tienes catorce años, Carla no pudo más, caminó hasta el borde de un acantilado y se arrojó por él.

Ignoro cómo fue la reacción posterior en su colegio. Imagino, como siempre, a las compis de clase abrazadas entre lágrimas como en las series de televisión, cosa que les encanta, haciéndose fotos con los móviles mientras pondrían mensajitos en plan Carla no te olvidamos, y muñequitos de peluche, y velas encendidas y flores, y todas esas gilipolleces con las que despedimos, barato, a los infelices a quienes suelen despachar nuestra cobardía, envidia, incompetencia, crueldad, desidia o estupidez. Pero, en fin. Ya que hay sentencia de por medio, espero que, con ella en la mano, la madre de Carla le saque ahora, por vía judicial, los tuétanos a ese colegio miserable que fue cómplice pasivo de la canallada cometida con su hija. Porque al final, ni escozores ni arrepentimientos ni gaitas en vinagre. En este mundo de mierda, lo único que de verdad duele, de verdad castiga, de verdad remuerde, es que te saquen la pasta.

 

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