Acoso escolar e institucional extremeño

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sábado, 26 de julio de 2014

La práctica del código deontológico ante víctimas de acoso: Cambalache

 

Manuel Rodríguez G.

eticaNo son pocos los profesionales/especialistas, normalmente ligados al sector público, que pueden intervenir en un caso de acoso escolar: profesorado, inspección, asistentes sociales, psicólogos, especialistas médicos y un largo elenco. “Profesionales” que, en demasiados casos atienden ineficazmente a su ética y código deontológico. Pocos tienen la valentía de poner en marcha esas dos condiciones: ética y deontología para amparar a la víctima. Lejos de cumplir con esas obligaciones personales y profesionales, no es extraño que se acomoden a las pautas, corporativismos, recomendaciones e incluso presiones/chantajes de quienes ostentan la condición de “Superiores jerárquicos”. Por el contrario, si no se sigue esta senda marcada, no será extraño atenerse a “curiosas consecuencias”, llamémoslas “daños colaterales”…

En mi caso, he comprobado y cotejado como ninguno de los “maestros” de los tres colegios por los que pasó mi hija dieron la talla; ya no sólo por mirar a otro lado ante la exclusión, discriminación y acoso sufridos, sino incluso nos pocos por desacreditarnos e incluso atacar indirectamente con obscenas falsedades, rumores sibilinos y otras muchas poluciones indecentes a víctima y familia.

De inspección qué decir: hace demasiado tiempo que en contra de lo que se supone es inspeccionar, supervisar, paliar y llevar a buen puerto las medidas y herramientas que el Sistema Educativo debería aportar al alumnado, este básicamente se ha comportado como una verdadera policía política, donde a base de consignas, órdenes y misivas, generalizadamente ejercen su enorme poder a través de las direcciones de los colegios, ocupadas a menudo por individuos sumisos y dóciles que atenderán con diligencia y obediencia las consignas marcadas por Inspección. Por supuesto, el cotejo para estos prepotentes vigilantes de sus taifas no existe y la sistémica respuesta ante alguna denuncia o queja es el síndrome de negación y la agresiva respuesta hacia quien ose desdecirlos (la mejor defensa, aunque sea de un modo nada ético debe el ataque agresivo e intolerante).

Aún recuerdo los encuentros con algunos de estos represores actores y la liliputiense talla humana y ética que me mostraron. Incluso de algún personaje que junto al actual Jefe de Inspección de mi Comunidad, tuvo la indecencia, chulería y arrogancia de venir a advertirme que “muy pronto tendría problemas”…. como los tuve al escaso mes siguiente: “Falsa denuncia a Infancia por supuesta desprotección hacia mi hija”.

Respecto a ciertas asistentas sociales, destacar el metódico procedimiento de actuar cual inquisidores actores, donde el resorte de una denuncia por una familia ante el acoso escolar de cualquier colegio (sobre todo público), activa toda la maquinaria represora y corporativista para agredir a la familia en forma de bulos, rumores y caza de brujas, poniendo en duda las actuaciones de los padres ante sus vástagos; y lo peor extendiendo ese mensaje envenenado por toda la sociedad próxima a los afectados. De ese modo se entierra el caso de acoso (que a estas alturas ya no es sólo bullying sino además, por ende acoso institucionalizado) y, dependiendo de la actitud familiar, se aireará más o menos ese chantaje zafio y emocional: Si la sumisión es aceptable dejarán que el tiempo y las mentiras borren cualquier rastro del acoso originado. Si por el contrario, la familia se niega a caer en esa propaganda goebbeliana e intenta denunciar y seguir divulgando el caso, la fagocotosis de todo el entramado institucional se pondrá en marcha y “en aras a proteger al menor” actuarán con métodos represivos y totalitarios. Ese que el poder público puede conferir a tanto desalmado.

Marcado tengo, cómo una patética asistenta social se negó a escuchar a mi hija cuando ella intentaba explicarle los sucesos de hostigamiento y acoso en su último colegio, habiendo sido anteriormente cómplice y vulgar chivata trotaconventos, al más puro estilo posbélico de nuestra vergonzosa Guerra Civil, donde cualquier zafia y mísera falsa denuncia servía para que el interesado rumor pasase a ser prueba concluyente de un veredicto culpable. También, cómo no, llevo grabado cómo años atrás, otra negaba ayudas para mi hijo y a la vez era partícipe del acoso y derribo hacia mi, tras el escrito de denuncia que me vi obligado a realizar a máximos responsables políticos de mi Comunidad, Extremadura e incluso al Defensor del Pueblo.

He conocido también a algunas psicólogas ligadas al sector público y a colegios; alguna de ellas, con suculenta clientela proporcionada por colegios afectados a ese acoso escolar, que en modo alguno dudaron en posicionarse del lado de los centros y desdecir y negar el grave caso de acoso constatado y diagnosticado con tal de seguir en algún puesto relevante a nivel local o bien engordando su cartera de clientes, como digo en buena parte por la colaboración de estos centros con alguna que otra “avispada profesional de la psicología”.

Me he visto obligado a aguantar las presiones y chantajes zafios de psicólogos pertenecientes a la Consejería de ¿Igualdad? que, en lugar de ayudar y atender a esa niña desvalida hicieron piña junto con otras instituciones ligadas para intentar doblegar la dignidad de quien ha denunciado gravísimos hechos, menospreciando el acoso escolar y la discriminación de la niña a costa, no de la ignorancia; sino del falso celo profesional, nulo auxilio y sobre todo cinismo prepotente de quien quiere demostrar con falsos hechos que hay que plegarse y ser sumiso ante cualquier institución, pues debe ser una máxima de estos Neo Torquemadas institucionales aquello de que el fin justifica los medios, aunque el fin sea enterrar a una niña en el mayor de las exclusiones y los medios para ello sean paralelos a los que cualquier terrorismo imponga a las víctimas.

Y, cómo no, he sufrido a no pocos “especialistas médicos”, con sus dubitativos informes, no pocos negados finalmente por el miedo y la presión que alguno me llegó a confesar (tanto que cuando alguno tuvo ocasión se quitó de enmedio y pidió traslado); otros negando hechos ante la incomodidad del caso; desdiciéndose cuando llegado el momento había alguna reunión con los propios censores e incluso alguno temblando ostensiblemente cuando el miedo les indicaba que no debían firmar unos acontecimientos constatados, pero que evidenciaban que la ética, el código deontológico y el juramento hipocrático eran contrarios a ellos.

Como indicaba al principio de este escrito hay “Profesionales” que, en demasiados casos atienden ineficazmente a su ética y código deontológico. Seguramente sus intereses egocéntricos, sus miedos, presiones de terceros, miserias e incluso cobardías de no pocos han sustentado y nutren a todo este proceso de acoso institucional, generado, no lo olvidemos por tapar y disfrazar en origen la discriminación, exclusión y acoso hacia una menor. Discriminación, aislamiento y soledad total que, lamentablemente, se sigue produciendo a día de hoy.

Poco que ver con lo que a continuación se recomienda en la siguiente publicación, respecto a los Principios Generales de Código Deontológico:

 ACOSO ESCOLAR Y CÓDIGO DEONTOLÓGICO

 

PUBLICACIONES RELACIONADAS (entre muchas otras de la siguiente bitácora):

http://elcuadernodeguillermonoacoso.blogspot.com.es/2013/03/extremadura-una-grande-y-libre-iii-al.html

http://elcuadernodeguillermonoacoso.blogspot.com.es/2011/05/insumision-y-hartazgo-de-chantajes.html

http://elcuadernodeguillermonoacoso.blogspot.com.es/2011/06/cita-ciegas-con-torquemadas.html

 

lunes, 21 de julio de 2014

Acoso escolar y código deontológico

Rosa Vera García

ACOSO ESCOLAR O BULLYING

El caso presentado está situado en el Contexto Educativo. Estamos ante un caso de Acoso escolar, en un Instituto de Barcelona. El caso es llevado por un psicólogo, que forma parte de la plantilla del centro desde hace unos años. La demanda parte de una alumna del instituto.

Antes de comenzar a analizar el conflicto e intentar llegar a un planteamiento de solución del mismo, debemos hacer mención a los Principios Generales de Código Deontológico que son de aplicación al caso, pues hacen referencia a la protección de los derechos humanos y la obligación de informar e intervenir en situaciones de malos tratos, y que serían:

Artículo 5º, por el que la finalidad del ejercicio de la Psicología es humana y social, procurando el bienestar, salud, calidad de vida, plenitud del desarrollo de las personas y los grupos en los diferentes aspectos de su vida, tanto individual como social. En ocasiones en las que el caso lo requiera, el psicólogo deberá recurrir a la ayuda de otros profesionales, sin perjuicio al respecto de las competencias y saber de cada uno.

Artículo 6º, por el que el psicólogo se debe “al respeto a la persona, protección de los derechos humanos, sentido de responsabilidad, honestidad, sinceridad con sus pacientes, prudencia en la aplicación de instrumentos y técnicas, competencia profesional, solidez de la fundamentación objetiva y científica de sus intervenciones”.

Artículo 8º, El psicólogo debe informar al COP de las situaciones de malos tratos, violaciones de los derechos humanos o condiciones de reclusión crueles, inhumanas o degradantes que le realicen sus pacientes, con el fin de establecer el mejor plan de actuación para resolver la situación.

Artículo 9º, se respetarán los criterios morales y religiosos, aunque no impidiendo esto el cuestionamiento en el curso de la intervención si fuera necesario para el caso.

Tomando como referencia el Metacódigo EFPA, también son de aplicación sus Principios Éticos (Apartado 2) de:

Respeto a los derechos y dignidad de las personas, por el que se deben respetar y promover los derechos, dignidad y valores de las personas. Privacidad, confidencialidad, autodeterminación y autonomía.

Competencia, el psicólogo mantendrá niveles altos de competencia, aunque reconociendo sus límites y su especialización, interviniendo sólo si está debidamente cualificado por su formación o experiencia.

Este principio puede ser de especial consideración en este caso, pues no conocemos si el psicólogo es especialista en la materia de maltrato infantil.

Responsabilidad, los psicólogos deben ser responsables de sus actos, evitando producir daños y asegurarse de que sus servicios no son mal utilizados.

Integridad, el psicólogo debe ser honesto, justo y respetuoso con las personas, identificando claramente su rol y actuar en base a éste.

Fuente:

http://www.aulafacil.com/psicologia-tratamiento/curso/acoso-escolar-1.htm

jueves, 17 de julio de 2014

Propagandas institucionalizadas: “En este colegio nunca ha habido, hay ni habrá casos de acoso escolar…”

 

Manuel Rodríguez G.

Mierda6Leo estos días, en varios medios de comunicación de mi Comunidad Autónoma, Extremadura, la PROPAGANDA cuasi goebbeliana que se viene efectuando sobre supuestas campañas antiacoso, a través de la Consejería de Educación,

http://www.canalextremadura.es/portada/actualidad/207-casos-de-acoso-escolar-en-el-curso-201213

http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/extremadura/region-registra-207-casos-acoso-cibernetico-centros-escolares_815902.html?utm_source=noticias_diario&utm_medium=newsletter&utm_campaign=2014-07-17

http://www.hoy.es/extremadura/201407/16/alumnos-fueron-victimas-acoso-20140716150325.html

Llama la atención el mensaje que se pretende subrayar, al destacar por activa y pasiva los casos detectados de ciberbullying, pero “curiosamente” no haciendo mención alguna al acoso in situ, presencial, al del día a día lectivo en las aulas; ese que genera indefensión, exclusión, pérdida total de pertenencia a grupo alguno y, por ende, ese que desgasta psicológicamente la autoestima de la víctima y a la que se le niegan los apoyos necesarios que cualquier estudiante, sometido a esta minante y degradante acto, necesita. Nada escrupulosa, casi vergonzosa la forma en que se trata el tema del acoso escolar. Se desentienden del bullying para disfrazar a base de supuestas campañas de concienciación el tema del ciberbullying o acoso a través de Internet. Con ello ningunean los muchos casos existentes en las aulas, en el día a día lectivo, para no responsabilizarse de la obligación de cuidar y proteger al alumnado en horas de clase. Intentan enterrar los muchos casos de violencia escolar, trasladándolos casi exclusivamente a las redes, sólo que la gran mayoría de estos graves casos de cáncer psicológico se originan y maceran en las propias aulas, donde gracias a la complacencia, complicidad y mirar a otro lado de los colegios y de muchos testigos mudos, los hostigadores campean a sus anchas. Flaco favor, en definitiva se hace a las víctimas cuando se niegan los muchos casos presenciales a los que nadie atiende. De paso, el Sistema Educativo barre sus miserias para afuera. Así se desentienden de sus obligaciones y sencillamente mercadean con las víctimas, ya que en sus “sacrosantas” aulas no hay caso alguno de un terrorismo psicológico denominado acoso escolar.

Mi hija, gracias a esta política cínica y corporativista lleva prácticamente desde los 10 años exiliada de los colegios presenciales, estando obligada a hacer sus estudios vía Internet a través del MECD. Ella, sin duda alguna, representa la vergüenza de todo el Sistema Educativo extremeño,

http://elcuadernodeguillermonoacoso.blogspot.com.es/2010/08/quien-corresponda-denuncia-de-malos.html

Vergüenza del Sistema Educativo anterior, pero también del Sistema Educativo actual. Con el anterior régimen las campaña era “Si te molestan no calles”, ahora publicitan la prevención del acoso, sobre todo en las redes sociales, donde seguramente se lavarán las manos cual César adoctrinado, sabiendo que barrerán el bullying fuera de las aulas, aunque siga existiendo e incrementándose este terrorismo social, ligado a las aulas. Pero eso sí, intentando subrayarlo en un espacio ajeno se seguirán ninguneando las denuncias y casos. Casos como el de mi hija, que siendo escandaloso y recordado por activa y pasiva al Gobierno anterior también se ha recordado al actual. Y es que al fin y al cabo son los mismos carceleros, los mismos detractores, los mismos cómplices y/o hostigadores institucionales que con otros altos cargos apoyando sus nalgas enquistadas no han hecho ni harán nada por evitar que múltiples casos de bullying o acoso escolar sigan repitiéndose. Eso sí, insisto, apuesto que tras la frontera física de la verja del patio o colegio respectivo estos sumisos adoctrinados serán “valientes” y dejarán tanto silencio cobarde para enseñarnos que el “muy noble y honrado” sistema educativo estará poniendo todo el celo por denunciar tanto hostigamiento…pero fuera del colegio donde la apologética y sacrosanta respuesta del sistema educativo será siempre la misma: Dentro de las instalaciones del colegio no ha habido, no hay ni habrá caso alguno… sólo absentismo y otras obscenidades de familias inadaptadas y problemáticas. Con la Iglesia… digo con Educación hemos topado clip_image002

Como expresaba en algún escrito anterior, no se deben hacer campañas contra el acoso escolar, fuera de las fronteras de las aulas. Burdas campañas, nada éticas. No es serio ni digno volver a repetir aquello de que “en este colegio nunca ha habido, hay ni habrá casos de acoso escolar… que se lo pregunten a las demasiadas víctimas obligadas a callar, gracias a un terrorismo psicológico consentido y complacido por no pocas instituciones implicadas Triste

Leánse

http://vagabundotraslalibertad.blogspot.com.es/2010/05/si-te-molestan-no-calles-si-te-molestan.html

http://vagabundotraslalibertad.blogspot.com.es/2010/08/si-te-molestan-tesis-vs-praxis-de-la.html

http://bitacoraacosoescolarbullying.blogspot.com.es/2013/10/campanas-contra-el-acoso-escolar-si.html

viernes, 11 de julio de 2014

Señales de alarma ante el bullying

 
Más de un tercio de los adolescentes españoles ha amenazado alguna vez a un compañero.
La duda que desgarra a las familias es si sus hijas seguirían vivas si todos hubiéramos estado a la altura, si hubiéramos reaccionado ante las señales de alarma. Una duda que me temo les acompañará toda la vida.

Ana Pastor

Acoso escolar

Varios jóvenes sostienen un retrato de Rehtaeh Parsons, la chica de 17 años cuyo caso causó conmoción en Canadá.

Foto: Cordon Press

En la mirada de este padre se resume un dolor tan brutal que cuesta imaginarse lo que ha vivido aunque te lo cuente. Está de frente a la cámara mascando un sufrimiento de años que no se va a curar nunca. Le acompaña en su triste salón la mala conciencia de no haber evitado lo ocurrido, la desgracia de no haber actuado cuando detectó las primeras señales, de no haber sido capaz de intuir la gravedad de lo que venía después. Es un padre arrasado. Y su dolor no tiene cura.

Su hija tenía 17 años cuando todo ocurrió. El tormento se consumó una tarde en la que cuatro chicos abusaron sexualmente de ella. Lejos de arrepentirse de semejante barbaridad, la grabaron con el móvil. Y después lo colgaron en Internet a la vista de toda su clase y de todo el colegio. En aquel vídeo, según relata el padre, se la veía vomitando mientras era sometida a las vejaciones de estos cobardes. Tenía 17 años y nunca superó aquello. No pudo soportar el escarnio que siguió en los días posteriores. Su sufrimiento a la vista de todos. Todos. Y optó por suicidarse. Y su padre baja la mirada cuando llega a esa parte del relato. Se despidió de ella aquella tarde y nunca volvió a verla. Se bajó del coche y entró en casa como otros días. Pero no era uno más.

La joven se llamaba Rehtaeh Parson y vivía en Canadá. Su caso causó una gran conmoción en el país. La policía no investigó en un principio, pero finalmente las instituciones se movieron ante el escándalo. Por eso, y porque el grupo Anonymus amenazó con revelar los nombres de los chicos implicados si no se investigaba su participación en la violación y su difusión en las redes. Meses después, en agosto de 2013, se promulgó una ley que permite a las víctimas buscar protección contra el acoso cibernético y además demandar al autor.

La mirada al vacío de ese padre es la misma que vemos en la madre de Carla. La policía está investigando ahora qué hay detrás de su suicidio. Carla tenía 14 años y se arrojó al mar en su Gijón natal una mañana en la que ni siquiera llegó a entrar en el colegio. Mientras escribo, leo que varias niñas del colegio han sido interrogadas. Al parecer, Carla era objeto continuo de burlas, ataques y persecuciones en las redes sociales. En un principio, el fiscal decidió que no se investigaba, pero ahora han ido apareciendo esos comentarios y la familia ha pedido que se reabra el caso. Otra mirada al vacío, al abismo, al no entender. Miradas que atraviesan también otro hogares donde se aloja el mismo sufrimiento, porque estos casos no son únicos. Y su incremento es preocupante.

Según el último estudio, realizado por la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE) y la Fundación británica BeatBullying, más de un tercio de los adolescentes españoles, de entre 11 y 18 años, ha amenazado alguna vez a un compañero o le ha gastado una broma humillante. Muchas de estas conductas se llevan a cabo en las redes sociales. Son datos aterradores. Hablan de un drama oculto del que pocas veces somos conscientes salvo cuando estalla, cuando no tiene remedio. La duda que desgarra a las familias es si sus hijas seguirían vivas si todos hubiéramos estado a la altura, si hubiéramos reaccionado ante las señales de alarma. Una duda que me temo les acompañará toda la vida.

Fuente:

http://smoda.elpais.com/articulos/

lunes, 30 de junio de 2014

Acoso escolar: La soledad del guerrero (En solidaridad con una madre)

 

Manuel Rodríguez G.

el gritoHace unos días me llegó el mensaje de una madre, donde, grosso modo, me expresaba el calvario que vive, gracias a las secuelas (supongo de por vida) que su hijo padece debido al acoso escolar que ha sufrido y sufre en un instituto. Me contaba cómo, a consecuencia de ese bullying, su hijo volcaba su frustración y desesperación, en forma de actitud agresiva contra ella. Agresividad latente y acumulativa que desgraciadamente es una constante de cualquier víctima de acoso. Agresividad que nace, crece y se desarrolla como consecuencia de la dejadez, injusticia, insolidaridad y síndrome de negación de quienes deberían aportar respuestas, administrar justicia, apoyar a la víctima y motivar y arropar a quien ha sido maltratado. Agresividad malamente encauzada con el mensaje erróneo que su hijo interpretaba, como única solución a su minada autoestima y desesperación y que la madre, otra víctima más de ese cáncer psicológico, me expresaba.

Al final, como agria constante dañina, la soledad, tristeza, desamparo y desesperación total de esa madre hace mella en ella, que impotente se ahoga en una cruzada junto a su hijo, sólo que asume como única guerrera no sólo esa batalla contra este terrorismo psicosocial, sino además el castigo de tener que soportar los amargos frutos que su hijo, víctima escolar, vomita involuntariamente contra ella…

“… se ha puesto violento y agresivo conmigo porque soy la persona que más quiere y la mas débil”.

“…ha sido víctima de BULLING, ha aprendido a que el más débil pierde y sólo sabe comunicarse con agresividad. He luchado como una loca pero se encerró en si mismo y soltaba en casa toda la mierda que tragaba en el Instituto. He estado sola en esta lucha y ya no he podido más. Ahora estoy sufriendo por el sentimiento de culpa. Estoy pasando mi dolor volcandome en el pequeño. Los siquiatras sólo dan pastillas…”

“…Pero el pobre ha sufrido en silencio, ha reventado y me ha hundido a mi, mi salud va deteriorándose, voy a pedir ayuda para mi…”

“…Aquí han ido viendo como me hundía y pedía ayuda…”

Estimada A: Siento mucho lo que estás pasando y veo, por lo que cuentas, cómo se reproducen las secuelas de las vivencias de tu hijo. Agresividad latente, tras verse incomprendido, no apoyado y sentenciado a ser carne de cañón porque unos malnacidos decidieron acosarle y derribar su autoestima. Por desgracia esa agresividad a menudo se escupe a horcajadas con quienes sienten PRÓXIMOS en una desigual ley de acción y reacción. Vierten el veneno que han sido obligados a tragar y lo trasladan equivocadamente a la gente CERCANA, que como ellos viven con la sensación de un vacío y una injusticia sin igual. Incapaces de defender su baja autoestima con esos depredadores que lo minaron psicológicamente, incluso con aquellos que siendo testigos mudos nada hicieron, agreden a VERDADEROS familiares con respuestas llenas de actitudes agresivas y radicales, no siendo conscientes que estos mismos CERCANOS también comparten tristeza y no pocas veces incomprensión de los demás.

Son víctimas que canalizan torpemente esa frustración. Frustración debida a la falta de respuestas del por qué les tocó a ellos. Frustración construida con una elevada dosis de aislamiento social y falta total de pertenencia a grupo alguno, tan básico en esta compleja edad. Frustración en definitiva que da lugar a una terrible sensación de inseguridad propiciada por el entorno escolar que los exilia al mayor de los flagelos: la incomprensión, apatía y exclusión socio-emocional. Con esos parámetros prácticamente son incapaces de poder ver que esos PRÓXIMOS son seguramente su salvavidas y únicos ALIADOS; no hablo de allegados o personas físicamente cercanas; ni siquiera de quienes demasiadas veces se hacen llamar familiares de sangre, aunque a veces son extraños emocionales e incluso caducos empáticos con la víctima, cuando no burdos críticos de su situación.

Lamentablemente a veces, ese dolor y soledad acumulados maceran sin parar y un mal día esos presos de tanta injusticia social, castigados al ostracismo de la incomprensión y desidia general, deciden tomarse la justicia por su cuenta, sólo que esa “justicia” sembrada de odio y demasiado dolor, puede dar como resultado algún suceso lamentable, gracias a unos efectos secundarios de un virus oculto por toda una sociedad cínica, cobarde y nada empática, que en modo alguno intervino, previó ni se solidarizó con la víctima y su polucionado entorno socio-escolar. Son las consecuencias de un terrorismo psicológico, consentido por demasiados actores y testigos mudos y, lo peor, disfrazado no pocas veces por demasiadas instituciones, nada garantes …

Todo mi apoyo desde aquí, estimada A. Va para ti Sonrisa

 

sábado, 28 de junio de 2014

¿Dónde estaba Dios cuando asesinaron a Oswaldo?

 

oswaldo2Familiares del niño Oswaldo Joaquín Correa Romero de 11 años, muerto a causa del bullying en una escuela del Estado de México, crearon una página de Facebook para difundir que su hijo fue asesinado por sus compañeros y no sufrió un paro cardiaco —como asentaron las autoridades escolares y el gobierno de Eruviel Ávila.

La página tiene miles de seguidores conscientes de la problemática del acoso escolar, que emerge con violencia mortal en las escuelas, como demuestra el caso de Oswaldo y su propósito es que las autoridades involucradas asuman su responsabilidad y enfrenten las consecuencias sin mentir o tergiversar la realidad para protegerse.

Para conocer más detalles de este caso visita la página:

¿Donde estaba Dios cuando asesinaron a nuestro pequeño Oswaldo?

Fuente:

http://www.diarioavanzada.com.mx/index.php/foto-notas/7086-donde-estaba-dios-cuando-asesinaron-a-oswaldo

 

Asimismo se están recogiendo firmas en la página

 http://chn.ge/1ljAn8K 

POR FAVOR, FIRMA Y DIVULGA

miércoles, 25 de junio de 2014

Bullying en primera persona

 

EN RECUERDO Y HOMENAJE DE NAIRA COFRECES

 

OMAR BELLO - Fui víctima de bullying durante años. Escribí esta nota para la revista NOTICIAS (también en el diario LA VERDAD). Va como homenaje a Naira y todos los que sufrieron este drama.

 

Omar Bello

Días pasados casi me mato con el auto. Salvé la vida de milagro. “¿Cómo se relaciona esto con el bullying?”, se preguntarán ustedes. Seguro que en nada, pero la cercanía de la muerte y el caso de Adrián Molaro, el jóven de 24 años que asesinó a su compañero Alexis Céparo después de dos décadas de acoso, me hicieron pensar algo: sólo quienes vivimos una experiencia así podemos entender qué significa ser un niño esclavo, cómo afecta, y la cantidad de pavadas que se escuchan; entre ellas pedirle a los chicos que busquen ayuda. Si no hablamos nosotros toman la palabra un montón de eruditos que aprenden en los libros.
La cosa empeoró con la muerte de una chiquita de 12 años en Florida, quien se suicidó empujada por quien se suponía era su mejor amiga.
En mi caso particular fui esclavo (y hay que ponerlo así, sin paréntesis) desde los 9 hasta los 13 años. José Luis García se llamaba el acosador en cuestión quien, poco a poco, tomó mi existencia como si se tratara de un vampiro. El dominio que logran estos personajes es tal que, lo último que quiere el niño afectado es llevarlo a otros espacios. Su casa, por ejemplo. García no sólo convertía mis días de colegio en un infierno sino que había detectado algo: lo último que yo quería era a mis padres formando parte del asunto. Para que tengan una idea de qué nivel de psicopatía estamos hablando, solía acompañarme con una tiza en la mano diciendo “Voy a escribir en el frente de tu casa todo lo que se dice de vos en el colegio”. Y lo que se decía de mi iba desde gordo inútil (no me gustaba el fútbol) hasta maricón. Además, y esto es muy importante, yo estaba convencido de que José Luis tenía razón en casi todo; es decir, no me sentía víctima de nada sino alguien descubierto en mi interioridad por un ser “superior”.

Puedo recordar con exactitud el día que todo empezó. Estábamos en la fila y me preguntó “Sabés lo que es c…”. Hoy puede parecer ridículo pero entonces no tenía la menor idea de qué estaba hablando. El único atisbo de ayuda que puedo registrar es haberle preguntado a mi madre sobre esa palabra. “Coser, como coser un vestido”, respondió ella. Ambos sabíamos que el asunto no pasaba por ahí aunque me alcanzó para entender que de “eso” no debía hablarse en cuarto grado. Al otro día me tocó la cola en el recreo. Le pegué una trompada y la maestra me llevó “detenido” a la dirección, vergüenza que para un alumno aplicado como era yo fue peor que el sometimiento que empezó a desplegarse.
Siempre bajo amenaza de perturbar el único nicho no asfixiante que tenía (mi hogar) José Luis, quien era repetidor y un año mayor que yo, comenzó un proceso que contado puede resultar inocente y por eso los adultos se confunden y lo minimizan, de hecho mi madre lo apreciaba. Primero me obligaba a acompañarlo a las clases de guitarra que él tomaba, yo quedaba ahí solo, esperando que terminara; después inició un ciclo que incluía hacerme visitar su casa todos los días por la tarde, alardeaba de tener un esclavo frente a sus amigos del barrio. Pedía que me escondiera en un pastizal cercano al arroyo y me quedara ahí, rodeado de bichos y gusanos horas enteras. Las ratas me caminaban por las piernas. Claro que lo peor pasaba en el cole. Durante los recreos afianzaba su liderazgo grupal tomándome como objeto de burla. Y acá hay un punto interesante: yo me defendía, peleaba. Sin embargo, cuanto más lo hacía peor era. O sea, la imagen del niño débil que no se enfrenta es un error. Cuando encontraba al resto de mis compañeros solo, cara a cara, me pedían perdón y hasta ofrecían ayuda, aparecía García y todos formaban un solo cuerpo.

En el verano marcaba los días igual que un preso, aterrado con la llegada de marzo. Pensé en matarme, matarlo, y eso que más allá de insultos y tocadas de trasero nunca intentó violarme o nada por el estilo. Sé que en nuestros días las cosas están más bravas. Ni quiero pensar lo que estarán atravesando algunos niños. Mi rendimiento escolar cayó en picada y hasta fui perdiendo la visión. Sólo una maestra, que no era de mi grado, se acercó un día para preguntarme qué estaba pasando. “Nada”, le comenté con terror, y pareció conformarse con la respuesta.
García masacró mi identidad. No era un monstruo, pero la combinación de mis problemas y los de él convirtieron la situación en monstruosa. En la fiesta de fin de curso hizo un pacto con todos los demás compañeros. Cuando yo subiera me gritarían los peores insultos delante de mi familia. Avancé por los escalones del escenario temblando y la noche anterior no puede pegar un ojo. Él me miraba fijo desde abajo aunque no dijo una sola palabra, tenía una media sonrisa que le bastaba para decirme “Me perteneces”.

Fue un lustro espantoso en el que viví girando alrededor de los deseos, caprichos y demandas de ese chico al que, debo admitirlo, hubiera matado con gusto. Sin atravesarlo, nadie sabe lo que significa transformarse en objeto de otro que utiliza la amenaza justo donde psicólogos y padres prometen soluciones. Porque a esa edad estás convencido de que la intervención de los mayores perjudica. ¿Saben qué? Ahora que tengo 50 años todavía sigo dudando si no será así, si la palabra bullying no es ligera para definir un espanto que los colegios creen corregir con charlas.
¿Cómo terminó? “¿A qué secundario vas?”, me preguntó el día que salíamos de séptimo grado. Le mentí pero él ya sabía perfectamente dónde iba. “Te voy a perseguir hasta el fin de tu vida”, me dijo. Y agregó: “Les voy a contar a todos tus nuevos compañeritos todo lo que sé de vos”.

Dado que yo estudiaba industrial y el comercial, apenas nos veíamos en los recreos y de lejos. ¿Mi solución? Esconderme en el vestuario del taller. Un año entero estuve ahí, escondido detrás de bolsos y ropa sucia para evitar verlo a la hora de “recrearse”. Un día salí y no estaba. Por las dudas me oculté otra semana más. Seguía sin estar. Alguien me contó que había dejado el colegio para trabajar con el padre. Fue el comienzo de mi vida adulta, hice amigos, lo pasé bárbaro, eso sí, no sé qué hubiera pasado si en lugar de abandonar él terminaba la secundaria.

Fuente:

http://www.laverdadonline.com/