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lunes, 12 de agosto de 2013

Asco y soledad (pero menos con gente como la que se menciona)

 

solidaridadHoy traigo a escena un escrito  de alguien muy cercana a mí,muy especial, frágil y sensible pero fuerte a la vez. Tan fuerte que teniendo en cuenta las sistemáticas muestras de exclusión, burlas, desprecios y acoso desde prácticamente toda su vida, en la que ha tenido bastantes etapas de depresión, ansiedad y frustración (incluso deseos de morirse) sigue teniendo muchas ganas de seguir adelante… Ella, estos días no está aquí. Me la “secuestraron” un grupo de madres desconocidas lideradas por una tal Sara, en connivencia con otras desconocidas ya amigas que sabiendo de su sufrimiento y soledad se hicieron cómplices de ese secuestro consentido y agradecido. (Gracias Sara, Pepi, Mª José, Rocío, Toñi, Lupe… y seguro alguna que otra buena gente que mi memoría no logra traer a escena en estos momentos.

Hoy le tocará piscina, algún refresco y lo mejor: buena compañía de otros chicos que seguro la arroparán. Está en Villanueva, en casa de Sara como hace un año estuvo en Trujillanos junto a Alicia y Rocío, a la que desde entonces le tengo mucho cariño. No puedo acabar sin recordar a familias y gente como Luly, una excelente cocinera argentina y mejor persona aún, que siempre se interesó y preocupó de Silvia, junto a toda su familia en Almendralejo. Tampoco puedo ni quiero obviar a gente recientemente conocida pero que enseguida se aliaron empáticamente con esa asqueada y solitaria obligada niña. Personas como Fina y su hija Marta desde Almería, que nos han ofrecido todo el ánimo, afecto y disposición hacia Silvia porque tanto madre como hija saben por experiencia cómo se siente una joven en esas circunstancias; lo mismo que Rocío, una sevillana auténtica, única y positiva; Kueke (Ana), noble, peculiar y con mucha solidaridad, que también ha pasado por malos tragos análogos; Consuelo y su hija María, que conocen bien el daño que hace la exclusión y el destierro social; Paz, madre y también afectada por este mal social aupando y luchando por Alba, su hija y otra víctima más; como también lo han sufrido y sufren Nerea y Sarai junto a su madre Mary a la que pese a la distancia y malos entendidos no olvidamos. Marta, prima de Silvia y un verdadero apoyo para mi hija; y, cómo no, a Vicen, una entrañable y querida amiga con la que hemos vivido unas pocas pero emotivas tardes aquí en mi tierra y en la suya Valencia y que siempre regaló sorisas y ternura a esa niña Sonrisa 

Gracias sinceras para todas ellas y para, seguramente bastantes más que quizás obvié. Gracias a todas ellas por la talla humana, afecto y solidaridad con la afectada. Os dejo con las reflexiones de esa preciosa joven. Reflexiones duras y vergonzosas. Reflexiones duras para ella. Reflexiones vergonzosas para demasiada gente de mi localidad que no queriendo ni aupar, incluirla ni arroparla, en el mejor de los casos ha mostrado mucha apatía y desidia hacia esa víctima, cuando no la han hostigado o han sido cómplices por omisión o comisión de ese aislamiento y derribo radical. Merece la pena hacer kilómetros alejándonos de tanto aseptico cobarde. Kilómetros que nos han unido a gente más empática, solidaria, receptiva, consecuente, humana, comprensiva y con mucho afecto para regalar. Personas que en un gran porcentaje tienen también hijos con problemas diversos o situaciones desfavorables, futuros inciertos y quizás nada halagüeños pero que han sabido donar parte de sus sentimientos y cariño hacia una joven con sobredosis de soledad y discriminación, que necesitaba y necesita miguitas, muchas miguitas de ternura y empatía.

Va por todas vosotras, amigas, este tema que se anexa al final, de Alberto Cortez y que resume perfectamente la necesidad de un apoyo, de un terrón extra, de unas miguitas de ternura, que antes o después todos necesitamos. Gracias sinceras, una vez más. Abrazos generalizados Sonrisa

Os dejo con el escrito original de la víctima, mi hija…

 

ASCO Y SOLEDAD

soledad

Hace dos semanas, en la piscina municipal de mi pueblo, conocí a una pandilla de niñas con la que creía tener la posibilidad de conseguir amistad, porque fueron ellas quienes me saludaron y preguntaron, ya que eran alumnas del último colegio al que yo había ido. Pero me equivoqué.

Creí haberlas conocido por casualidad y estuvimos hablando de las cosas que nos gustaban. Ellas me contaron que dos de las niñatas que se burlaban y hablaban mal de mí, anteriormente en las Carmelitas, también se metían con ellas. Al creer que estuvieron muy amables conmigo, me ilusioné y pensé que con suerte me aceptarían como amiga. Quedaron conmigo en vernos el próximo día e incluso llamarnos para salir.

Estos días atrás, cuando iba a la piscina echaba un vistazo pero no las veía. Tenia mucha ilusión y ganas de volver a verlas pero nada. El lunes decidí ir a visitar a Andrea a su casa, la chica que más hablaba, que parecía la más simpática y líder del grupo. Le pregunté su número de teléfono y que cuando volverían a la piscina. Solo me respondió que ella no salía apenas pero que sí saliese o fuese a la piscina me avisaría.

Ayer martes, por fin, las volví a ver en la piscina, pero con una actitud muy distinta. Al verlas me acerqué y las saludé pero no me devolvieron el saludo, así que, después de repetir les dije que como no era bien recibida me marcharía y me despedí.

Al darme cuenta, que no querían mi amistad y que lo único que habían hecho conmigo era jugar con mis sentimientos, me sentí de nuevo como una tonta incomprendida y desilusionada. Me sentí fatal, con ganas de mandarlas muy lejos, con rabia y muchas ganas de llorar.

Estoy harta de tanta gente que no tiene en cuenta a los demás. He estado sola desde hace demasiado tiempo, porque siempre me han dado de lado y se han burlado. Ayer me sentí fatal y me entraron ganas de llorar una vez más, pero me aguanté y me hice fuerte porque como dice mi padre no debo darles ese gustó y llorar delante de esa clase de gente que no tiene empatía ni sensibilidad. Las buenas personas no hacen eso. La mala gente sí.

Creo que al final no he perdido nada porque ya no confío en la gente, ya no pueden hacerme más daño del que me han hecho todos estos años. Gente como esa me hace pensar que las buenas personas están en peligro de extinción y que tengo una maldición que se llama soledad.

 

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4 comentarios:

kueke dijo...

GRACIAS, SEGUID LUCHANDO E INTENTANDO SER FELICES EN EL CAMINO.

Vagabundo dijo...

En ello estamos, estimada Ana. Muchas gracias :-)

Vicen dijo...

Gracias a ti amigo, siempre dije que eres una gran persona y humana, que a pesar por todo por lo que pasas y has pasado siempre estas ahí para ayudar al que lo necesita.

Ya sabes que a tu niña la quiero un montón, la pena es no estar más cerca de ella.

Un beso para los dos, os quiero

Vagabundo dijo...

Aquí también se te quiere bien, Vicen. Y sí también coincidimos: es una pena no estar más cerca. Cuídate :-)